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8/7/15

El fabricante soy yo. Impresoras 3D reproducen objetos cotidianos, desde un tornillo a la dentadura de la abuela


Full Printed es un cortometraje de animación para la exposición Laboratori de Fabricació en el museo Disseny HUB de Barcelona.
"El trípode de la cámara de Josianito Llorente está adaptado a cualquier móvil. Le sirve para retransmitir con el teléfono sesiones de los talleres de fabricación que imparte por Internet. “Existen accesorios, pero son caros y solo funcionan en un modelo determinado de aparato. Por eso lo fabricamos, ahora sirve con todos”. El adaptador salió de una impresora 3D, que convierte los diseños creados por ordenador en objetos físicos.

En un futuro más cercano que lejano, todos seremos capaces de fabricar nuestros propios objetos. Del tornillo a la pieza de la lámpara que se ha roto hasta la dentadura de la abuela. En casa o en la copistería 3D. No es ciencia ficción. Estos y otros miles de ejemplos existen. Si la revolución empezó por la transformación en bits del contenido, como canciones, películas y libros; el próximo paso es el continente. 

No solo objetos, también las máquinas para crearlos, por efecto de “la digitalización de los medios de producción y fabricación”, explica Tomás Díez, 29 años, director del Fab Lab del Instituto de Arquitectura Avanzada de Catalunya (IAAC).

Este laboratorio de fabricación es miembro de la red de 80 talleres que, desde principios de siglo, democratiza el proceso de producción en más de 20 países, impulsado por el Instituto Tecnológico de Masachusets (MIT).

 Muchos otros colectivos también se plantean con “qué perspectivas educativas, pedagógicas y sociales se debe afrontar una transformación de tal calibre”, asegura Llorente, de 34 años, responsable de los laboratorios de creación de Tabakalera, el proyecto que convertirá la antigua fábrica de tabaco en Donosti en un Centro Internacional de Cultura Contemporánea.

 MediaLab Prado (Madrid), la Plataforma O de Laboral, el centro de arte y producción industrial (Gijón), el Fab Lab de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla, entre otros, siguen pasos similares, organizando talleres de fabricación.

The Pirate Bay, el portal sueco de intercambio de ficheros, colgó días después de la clausura de Megaupload archivos de diseños 3D para fabricar objetos. Los llamó “physibles” y tildó el movimiento como el “próximo paso” de la digitalización.

 No es ni el primer ni el único sitio que ofrece estos ficheros para compartir con cualquiera conectado a Internet. En el repositorio Thingiverse, por ejemplo, se intercambian aquellos creados por los internautas, principalmente diseños de hardware bajo licencias libres GPL y Creative Commons. Y en Google 3D Warehouse hay disponibles muebles, complementos y accesorios de Ikea en tres dimensiones, entre otros diseños.

 Imagine esta situación. Un amigo tiene en casa el exprimidor de naranjas de, pongamos, el diseñador Philippe Starck. Móvil en mano lo retrata desde diversos ángulos, sube las imágenes al ordenador y, con el programa 1,23D Catch de Autodesk, las convierte en el diseño de un objeto tridimensional. Si, además, tiene una impresora de estas en casa, ¿quién le impide que lo reproduzca? 

Tampoco hace falta que se gaste una millonada en adquirir una máquina profesional, como los modelos DesignJet 3D de HP, cuyo precio oscila entre los 15.000 y los 18.000 euros. Si es manitas se hace con una RepRap o se compra Cube, de Cubify, que por unos mil euros le hará la misma función y le lucirá en casa como si fuera un diseño de Apple. El exprimidor no será metálico ni  tendrá los acabados de una original, tampoco su precio.

“Las RepRap son impresoras caseras que ensamblan en casa. Principalmente imprimen en plástico, que son duros, pero no son flexibles. Son perfectas para prototipos y moldes, pero no tanto para acabados finales. Aunque ya existen las que lo hacen en otros materiales, son mucho más caras”, explica Llorente.

 El objetivo del proyecto RepRap es llegar a imprimir sus circuitos integrados y sus partes de metal. Hay varios modelos distintos de estas máquinas, bajo licencia libre, que los anglosajones denominan Do it Yourself (Hazlo tu mismo). Al ser abiertas, puede comprar sus componentes, ensamblarlos y empezar a producir objetos. 

La neoyorquina MakerBot Industries, promotora del portal Thingiverse, también suministra kits para construir impresoras 3D, que oscilan de los 800 a los 1.300 euros. Ultimaker es la versión europea. Llega del FAB Lab de Utrech (Holanda), imprime en plástico transparente y cuesta unos 1.200 euros.

A Starck quizá no le importe que usted se imprima el exprimidor en casa. Pero qué ocurre cuando los que lo fabrican son miles de millones de personas en el mundo. Probablemente ya no le tolere tanto. “Ni nadie que tenga protegida sus invenciones y diseños”, opina Carles Comes, abogado del bufete ZBM

 La propiedad industrial son los derechos territoriales que se otorgan a una persona sobre su invención (patente o modelo de utilidad), diseño y marca. Un producto puede estar protegido por diseño y también por patente y, por norma general, otorga al titular la potestad de fabricar y comercializarlo, pero también a prohibir que un tercero lo haga. Y si lo autoriza es a cambio de royalties.

Con la legislación española del diseño industrial en la mano, Starck no podría hacer nada, porque “la ley autoriza la reproducción de un diseño a un usuario privado, siempre que no tenga un fin comercial”, explica Mario Pomares, del bufete Berenguer & Pomares Abogados

Es decir, ni Starck ni nadie podría impedir que usted ni yo fabricáramos el exprimidor en casa, como nadie puede impedir que haga una copia de una canción para su uso particular. A diferencia del derecho de autor, que otorga a los creadores una compensación por estas copias, en el diseño no hay canon.

¿Qué ocurre si alguien cuelga a estos diseños protegidos en Internet? ¿Comete una infracción? “Al subirlo se reproduce el diseño, pero no se comercializa, es decir no se pone a la venta el producto que lleva incorporado el diseño. Por otro lado, la ley no recoge la difusión como acto infractor sino la fabricación, oferta, comercialización... de productos que lo incorporen. Es un tema complejo y sin duda, será motivo de discusión en los tribunales”, añade Pomares.

En el caso de las patentes y los modelos de utilidad, la cosa cambia, asegura Comes. “Si hay derechos, habrá infracción indirecta, porque se ofrece a un tercero las herramientas necesarias para que pueda fabricar un producto protegido”.

 El problema, añade, es la territorialidad. Como Internet carece de fronteras, pero la propiedad industrial otorga protección en los países donde se solicita, ¿qué ocurre cuando el que sube el archivo está en China, pero el que lo descarga está en España? “Los abogados ya nos estamos peleando por estos asuntos en los tribunales y este nuevo escenario viene a añadir aún más complejidad y vacío legal al asunto”.

Vacío legal para una nueva revolución industrial en la que dejaremos de ser consumidores para convertirnos en prosumidores (productores de nuestros bienes de consumo). “La impresión tridimensional supone un cambio de paradigma. A nivel logístico, la distribución desaparece.
 Ya no hace falta transportar los materiales, porque el diseño de los objetos ‘viaja’ digitalmente, para luego adaptarse a escala local a través de los materiales.Objetos que pueden ser pequeños o grandes. A escala micro (vasos) o macro (edificios enteros)”, sostiene Llorente. La NASA, por ejemplo, se plantea utilizar la tecnología para fabricar los repuestos de sus aparatos en las misiones espaciales.

“Tendremos la oportunidad de imprimir objetos únicos. La producción en serie está más que estudiada, pero ¿hacer 100.000 o un milllón de objetos totalmente diferentes? La verdadera transformación será cuando podamos fabricar productos únicos y personalizados a partir del contenido digital, aunque de momento aún falta”, opina Javier Larraz, director del negocio Designjet en HP Iberia, que incluye las impresoras 3D.

“Ahora estamos como en los años sesenta con los ordenadores. Se están inventado las máquinas y también para qué se van a usar, pero falta dar el salto del mundo amateur al del uso cotidiano”, considera José Pérez de Lama, profesor y responsable del Fab Lab de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla. Antes, “debemos avanzar en la investigación de los materiales, porque ahora son limitados”, sostiene Larraz. 

Díez lo comparte. “Hoy ya tenemos los medios de producción, sean cortadoras láser, impresoras 3D o fresadoras que, controladas por ordenador, fabrican objetos. Si bien ya se está usando plástico, arena, hormigón, cartílago y hueso, todavía son caros y, además, faltan muchos más materiales. De momento, además, cada máquina se usa para uno, cuando lo ideal sería que cambiando su cabezal, pudieras crear cosas con diferentes materiales.

“Investigaciones en marcha hay muchas”, explica Pérez de Lama. “Nosotros hemos terminado un proyecto médico basado en resina fotosensible”. La Asociación de Arquitectura de Londres investiga cómo producir casas con arcillas hormigonadas. Y el italiano Enrico Dino ha dedicado su vida a D-Shape una impresora 3D de seis metros cuadrados capaz de imprimir casas y edificios enteros, en una mezcla de arcilla y aglomerante marino con el que fabrica rocas. Este proyecto ha sido llevado al cine en el documental El Hombre que imprimía edificios

En la séptima reunión de los Fab Lab, celebrada en Lima (Perú), se decidió promover las “ciudades laboratorio” o Fab City. El objetivo es llevar la producción a las ciudades para pasar del modelo urbano actual, “donde entran productos y sale basura, al que llamamos PITO, por sus siglas en inglés), al modelo de urbe DIDO “donde lo único que entra y sale es información y conocimiento, porque todo se genera dentro, desde los objetos a la energía” , explica Díez. 

El proyecto pretende dotar de Fab Labs a todos los barrios de las ciudades para que sirvan de plataforma donde la gente “cree sus propias herramientas, se forme a sí misma, innove y emprenda, porque nuestro modelo de consumo actual, basado en la producción en serie, es insostenible”. Diseño industrial, arquitectura, ingeniería y medicina, entre otras disciplinas, ya se están beneficiando de esta nueva tecnología que, en cinco o diez años será de consumo masivo."                (   , El País, Barcelona 18 FEB 2012)

8/4/14

Las empresas que pueden leer tu correo (es legal y lo has aprobado). El contenido de tu cuenta de Hotmail, de hecho, pertenece a Microsoft

"(...) Entre las agencias de inteligencia, las fuerzas de seguridad y las compañías tecnológicas, lo cierto es que hay pocos recovecos donde nuestra información esté realmente segura de miradas ajenas, incluidas aquellas comunicaciones que creemos hacer en privado.

No debería sorprendernos ya que nosotros mismos hemos dado nuestro consentimiento para que esto pase, pero sí lo hace porque pocos leemos con detalle las condiciones de uso que aceptamos en la red. Y una de esas condiciones es, en muchos casos, consentir la entrada en nuestro correo electrónico.

La semana pasada todas las miradas apuntaban hacia Microsoft. La tecnológica admitía que había leído mensajes en la cuenta de correo de un bloguero mientras investigaba una filtración. ¿Cómo pudo conseguir ese periodista los pantallazos de Windows 8 antes de que se lanzase? Es fácil de averiguar: solo hay que entrar en su cuenta de Hotmail (que pertenece a la propia Microsoft) y echar un vistazo.

Algo que los propios usuarios aceptan cuando se abren una cuenta. Según el acuerdo de servicios de Microsoft, cuando como usuario aceptas las cláusulas “consientes y estás de acuerdo en que Microsoft puede acceder, revelar o preservar información relacionada con el uso de sus servicios, incluyendo (sin limitación) tu información personal o contenido […] cuando Microsoft, de buena fe, crea que esto es necesario para a) cumplir con un procedimiento legal o un requerimiento de las autoridades competentes; b) reforzar este acuerdo o proteger los derechos de Microsoft o de sus clientes; […]”.

 El problema de este párrafo es que no queda definido ni qué significa “de buena fe” ni cuáles son los “derechos de Microsoft o de sus clientes”, dejando abiertas a interpretación las situaciones en las que la compañía puede entrar sin avisar en nuestro buzón de correo.

Pero si alguien a estas alturas pensaba que Microsoft es la única que se reserva el derecho a entrar en nuestras comunicaciones privadas cuando lo crea necesario, estaba equivocado. Muchas de las grandes empresas que ofrecen este tipo de servicios tienen cláusulas similares.

Yahoo y Google, más de lo mismo

En los términos de uso de Yahoo puede leerse un párrafo muy similar al de Microsoft: “Usted reconoce, consiente y está de acuerdo en que Yahoo pueda acceder, preservar y revelar la información de tu cuenta y su contenido si es necesario por ley o por un convencimiento de buena fe de que es necesario para a) cumplir con un procedimiento legal; b) hacer cumplir estos términos de uso; […] o e) proteger los derechos, propiedad o seguridad personal de Yahoo, sus usuarios o el público”. De nuevo, la buena fe por bandera pero poca especificación.  

 Google aplica una condición muy similar (el párrafo es casi calcado) a los usuarios de sus servicios, incluido Gmail, apelando de nuevo a la “buena fe” y esgrimiendo como justificación la “protección contra daños inminentes a los derechos, propiedad o seguridad de Google, sus usuarios o el público”.

Pero no solo damos permiso para entrar en el correo electrónico. "Es muy habitual, de hecho es rara que no dejen abierta esa opción. Podemos hablar de correos electrónicos, pero también servicios similares como mensajería (Facebook), almacenamiento en la nube (Dropbox) o sistemas de mensajería privada (WhatsApp) aplican la misma condición", cuenta a Teknautas Jorge Morell, especialista en análisis de términos y condiciones de uso. 

A partir del revuelo causado por la noticia de su cotilleo en el correo del bloguero francés, Microsoft ha dado un paso adelante, explicando los motivos de su acción (que considera justificada). La clave está, según John Frank, vicepresidente de la compañía, en que el contenido de la cuenta, de hecho, pertenece a Microsoft. (...)

“Esa cláusula que te hacen firmar podría perfectamente ser declarada abusiva por un juez”, asegura.

 Muñoz ha explicado a Teknautas que una cosa es la libertad de pacto, un concepto según el cual dos empresas negocian y aceptan las condiciones en las que trabajan conjuntamente, y otra es cuando un usuario individual se sitúa en frente de una empresa y no le queda otra que aceptar. “Es un o lo tomas o lo dejas”.

De hecho, entrar en la cuenta de correo privada de un usuario y leer sus mensajes es una violación de la correspondencia, igual que lo es abrir una carta dirigida a otra persona. “Solo las fuerzas de seguridad pueden hacerlo, y siempre con una orden judicial. Nunca una empresa”.

Y aun así, un juez solo autorizará una medida como ésa si se cumplen dos principios: el de proporcionalidad, por el que se considera justificada la violación de la privacidad en función del supuesto delito o falta cometido, y el de necesidad, siendo imposible conseguir esa información por otros medios."            (Teknautas, 25/03/2014)

21/3/14

Los problemas de la industria del cine no se deben a los usuarios, ni a la tecnología, ni a los hackers: se deben únicamente a su patente estupidez.

"Popcorn Time, la elegante aplicación para ver películas creada por hackers argentinos que “es tan buena que asusta” según la revista Time, cierra sus puertas y se despide con una espléndida carta de muy recomendable lectura debido a que sus creadores argentinos “necesitan seguir con sus vidas” y porque “enfrentarse a una industria tan tradicional y tratar de revolucionar un mercado tan grande tiene sus costos asociados que ninguna persona merece pagar”, pero resucita automáticamente en GitHub, primero vinculada a YIFI, y pocas horas después, de forma independiente.

Una aplicación que ofrecía un sistema de visualización de películas en streaming mejor incluso en cuanto a usabilidad que el ofrecido por Netflix pero utilizando YTS, una página de indexación de archivos torrent, y que escaló masivamente en popularidad al ser mencionada en todos los blogs y páginas más conocidos en en curso de una semana. 

La aplicación, desarrollada en tan solo un par de semanas, se define como un experimento abierto para aprender y compartir, en el que “ninguno de los desarrolladores ganaba dinero” y no había “ni publicidad, ni cuentas premium, ni cuotas de suscripción, ni nada de nada”.

Una vez más, se evidencia la realidad: existe una enorme demanda insatisfecha de personas que quieren acceder a películas cuando son estrenadas y en las condiciones que estimen oportunas, como desde su casa y en zapatillas, y que seguramente estarían dispuestas a pagar una cuota por ello, en lugar de tener que soportar las ridículas restricciones que la industria plantea. 

Los problemas de esa industria no se deben a los usuarios, ni a la tecnología, ni a los hackers, ni a nada por el estilo: se deben únicamente a su patente estupidez. Están generados por ellos mismos, por sus ridículas pretensiones de que “las cosas son así y nada puede cambiarlas”, por sus absurdamente limitadas ideas de “la distribución funciona de esta manera y si pretendes hacerla de otra, es que no tienes ni idea”.

El inmovilismo y la obstinación no merecen la protección de nadie. Los políticos que supuestamente representan al pueblo no tienen ningún tipo de sacrosanto deber de proteger a industrias empeñadas en no ser viables, en no adaptarse al entorno. 

El cine no está en peligro, y no va a desaparecer: lo que están en peligro son los parásitos que pretenden pretenden vivir de un sistema que condena a su distribución a desarrollarse mediante métodos del siglo pasado.

Como experimento, ha valido la pena. Enhorabuena, Pochoclín :-)"          (Enrique Dans, 19/03/2014)

21/10/13

La culpa no es de Spotify… es de los de siempre, de las discográficas, que siguen pagando a los músicos un 15% de los ingresos

"(...) Byrne apunta a una responsabilidad de Spotify y plataformas similares que, en realidad, debe recaer, como sí dejaban entrever Yorke y Godrich, sobre quienes son en realidad los responsables de ese mal reparto que únicamente deja migajas en los bolsillos de los artistas: las grandes discográficas.

La gran realidad detrás de la transición de la industria de la música es que las grandes discográficas, sometidas a un proceso de consolidación que no hace más que incrementar su poder como oligopolio que paga a uno de los lobbies con mayor capacidad de influencia política del mundo, se las han arreglado para mantener los porcentajes que aplican como comisión, a pesar de no tener ya que incurrir en muchos de los costes que en épocas anteriores tenían en su cadena de producción. 

 Mientras lloriqueaban que su negocio moría y afirmaban que con ellos moría la música, la realidad era que su negocio no hacía más que mejorar, y que la sustitución de los canales físicos tradicionales por los nuevos canales digitales fue algo que aprovecharon para mejorar su cuenta de resultados a costa de los artistas.

Atribuir el problema de los escasos ingresos que Spotify deja a los artistas a la propia Spotify resulta completamente absurdo cuando en realidad, Spotify entrega el 70% de sus ingresos a las discográficas en concepto de royalties, y que son esas discográficas las que reparten con los creadores y los músicos en acuerdos que, en el caso de las majors, suelen estar en torno al 15% (algunas discográficas independientes lo plantean de manera algo más justa y reparten lo que perciben al 50%).

 El hecho de que las discográficas sean accionistas de Spotify, única manera que Daniel Ek encontró para poder tener acceso a su catálogo, hace que la responsabilidad recaiga, de nuevo, sobre ellas mismas.

En un momento en el que las discográficas deberían haber reducido los costes de producción (los avances en tecnología hacen que hoy se pueda obtener una producción de nivel profesional con una inversión sensiblemente menor), de soporte (el soporte ya no es físico), de distribución (el movimiento de los bits es infinitamente más barato que la logística de productos físicos) y de marketing (una parte significativa del marketing lo hacen los propios fans), la realidad es que los porcentajes de reparto se han mantenido muy parecidos.

 ¿Realmente aportan tanto las discográficas a la creación musical como para que se justifiquen esos porcentajes de reparto?

El problema sigue viniendo del mismo tema: las discográficas afirman que, a pesar del teórico descenso de barreras de entrada que ha supuesto la popularización de la red, los grandes éxitos de la música siguen correspondiendo a lanzamientos llevados a cabo por ellas, mientras que “la red” como tal no ha alumbrado a prácticamente ningún artista nuevo. 

 ¿Es esa situación real? ¿O se corresponde más bien con el control que esas grandes discográficas mantienen sobre canales de distribución tradicionales como la televisión o la radio FM? No, que los artistas reciban poco de plataformas de streaming como Spotify no es un problema derivado de esas plataformas, sino de unas discográficas que se niegan a renunciar a unas comisiones que ya no les corresponden en función del trabajo que hacen.

 Y si los artistas deciden dejar de alimentar a esas discográficas, se encuentran con que su acceso a canales de distribución para su música como la televisión o la radio FM se ve sensiblemente deteriorado, lo que lleva a que, salvo excepciones, no lleguen a los oídos del gran público. 

Lanzarse a la industria de la música por cuenta propia tratando de tener un control total sobre tu música, o incluso hacerlo a través de una discográfica independiente supone no tener prácticamente llegada a esos canales y, por tanto, estar condenado al ostracismo de las listas de éxitos.

Poner el énfasis en plataformas como Spotify es un error. El enemigo, el que se está llevando la verdadera porción importante del pastel… es el mismo de siempre. Antes, al menos, justificaba con los costes de sus actividades el margen que retenía. Ahora, ni siquiera eso."             (Enrique Dans, 19/10/2013)

15/5/13

El Gobierno de Nueva Zelanda eliminó las patentes de software

"El gobierno de Nueva Zelanda anunció que ya no se podrán solicitar más patentes de software en el país  para eliminar una de las barreras que están deteniendo la innovación en el mundo de la tecnología.

Aunque técnicamente nunca fueron explícitamente permitidas las patentes de software,  la enmienda introducida a la ley de patentes vigente va aún más allá, al definirse en base a tres principios básicos - novedad, altura inventiva y aplicacion industrial- que  “un programa de computadora no es una invención ni tampoco una forma de fabricación para los propósitos de esta acta“.

Con esta decisión, el gobierno neocelandes considera legalmente que las las actuales leyes de patentes ya otorgan la suficiente protección al software, pues es cada vez más común un estancamiento en la innovación causado por el patentamiento masivo de supuestas innovaciones que no son tales.

La empresa Orion Health, el mayor exportador de software de Nueva Zelanda, considero acertada la decisión del gobierno,pues bajo el régimen anterior hasta las cosas más obvias se estaban patentando.

Si identificas una mejora lógica en tu software, no puedes implementarla porque alguien más tiene la patente. En general, las patentes de software son contraproductivas y frecuentemente utilizadas para obstruir la innovación“, afirmó el CEO de Orion Health.

La decision podría ser el argumento, contrariamente a lo que consideran los gobierno de los Estados Unidos, para excluir totalmente al software de las leyes de patentes de cualquier país."            (Observatorio Sudamericano de Patentes, Rebelión, 15/05/2013)

25/3/13

No, las descargas no afectan negativamente a las ventas de productos culturales. La doctrina de “una descarga, una venta perdida” es completamente absurda

"Un nuevo estudio publicado por el Joint Research Centre de la Unión Europea realizado con una base de dieciséis mil usuarios en cinco países deja finalmente claro lo que muchos llevamos muchísimo tiempo diciendo: que las descargas no afectan a los ingresos en la red de la industria cultural. 

La caída de los ingresos de la industria puede deberse a muchas cosas, y fundamentalmente a la incapacidad de esa industria para adaptarse y ofrecer sus productos de la manera en que los quieren sus clientes, pero seguir persiguiendo fantasmas mediante leyes absurdas que jamás van a conseguir nada es algo que sencillamente no tiene sentido.

Puedes leerlo en español en El blog salmón, o en inglés en sitios como Torrentfreak o Ars Technica, porque en los medios de comunicación tradicionales seguramente no lo vayas a leer: un estudio académico riguroso demuestra que la actividad de descargas irregulares no afecta a las ventas de la industria en la red

De hecho, es al revés: tanto la actividad en sitios irregulares como la de streaming están vinculadas a una mayor actividad de los usuarios en páginas regulares de consumo de música.

Los resultados salen claros cuando responden a la lógica: la gran mayoría de la música descargada por los usuarios nunca habría sido adquirida legalmente si los canales irregulares no hubiesen estado disponibles. 

La doctrina de “una descarga, una venta perdida” es completamente absurda, una falacia de marca mayor con la que la industria ha amamantado a toda una generación de políticos ignorantes (ignorantes solo en el mejor de los casos).

Siguiendo con las conclusiones del estudio: sí, la actividad de descargas es mayor en España que en otros países, con varias explicaciones posibles entre las que destacan la dinámica del mercado y, en particular, la muy limitada oferta legal. 

Es decir, que en España se descarga más de canales irregulares sencillamente porque la oferta que la industria permite es un desastre: incompleta, cara, incómoda y respaldada por una panda de energúmenos vociferantes e insultantes que inspiran cualquier cosa menos el consumo de sus productos. 

Si quieren intentar arreglar su panorama, que se dejen de cambiar leyes, y que se las arreglen para que sus productos estén disponibles en todo tipo de plataformas, en las condiciones, fórmulas y precios adecuados.

 No es un problema de descargas, no es un problema de que los usuarios seamos “piratas”, “ladrones” o simplemente “españoles”… es un problema de la industria y de los políticos que la apoyan. Lo que muchos llevamos muchos años diciendo, pero ahora con su correspondiente demostración científica.

Las descargas no afectan a las ventas. ¿Alguien puede acercar este estudio al ministerio de Cultura, tirárselo a la cara al ministro y al secretario de Estado correspondientes, y pedirles que nos dejen en paz de una maldita vez?


¿Alguien puede explicarles que si habiendo evidencia científica en este sentido deciden proseguir con el actual acoso a los usuarios, estarán cometiendo un evidente delito de prevaricación?

 ¿Que la única manera de explicar los constantes intentos por favorecer los intereses económicos de una industria que de manera evidente no tiene razón en sus reclamaciones es la existencia de una clara y flagrante corrupción?"            (Enrique Dans, 19/03/2013)

7/3/13

Las impresoras 3D pueden ser un problema para los derechos de autor

"Las imporesoras 3D son sin duda uno de los gadgets más novedosos y futuristas que poco a poco iremos viendo en los próximos meses. Pero si analizamos el tema en profundidad nos encontramos con un problema de difícil solución: ¿quién posee la propiedad intelectual de un archivo impreso? (...)

Efectivamente, la impresión 3D ya ha cambiado la manera de hacer muchas cosas, aunque este cambio aún se encuentra en su fase de maduración. Entre lo que se espera que pueda hacer en el futuro esta tecnología se encuentran propuestas innovadoras como el bioprinting, o la capacidad de imprimir células vivas para una multitud de usos médicos.

Según publica el blog de Yaxis Magazine, fuera del sector industrial el uso de esta tecnología también está dando mucho que hablar. Los usuarios más creativos han empezado a compartir y modificar sus diseños a través de portales como Cubify o Thingiverse. Una vez estén publicados estos diseños, el resto de usuarios puede descargar el archivo y utilizar su impresora 3D para su impresión/fabricación.

Y esto no es todo. A medida que la calidad de los escáneres digitales 3D vaya aumentando y estén disponibles para todo el público, cualquiera podrá escanear cualquier elemento y hacer una copia casi indistinguible del original. Justo en este punto es donde comienza el problema.

Que la tecnología nos permita hacer una copia de cualquier tipo de objeto no significa que esté permitido hacer esa copia. Muchos de estos elementos pueden no ser de libre posesión pública y estar ligados a patentes o derechos de autor. Por lo tanto, la impresión 3D podría acabar convirtiéndose en una práctica legalmente problemática, o incluso llegar a ser ilegal.

Como ya sabemos, siempre que un objeto puede ser recopilado en un archivo digital, se vuelve más susceptible a la difusión ilegal (o alegal). Sólo tenemos que pensar en la música y las películas, que desde que la tecnología permitió su difusión en línea dio lugar al nacimiento de la piratería. 

Esto le costó miles de millones de dólares a la industria del entretenimiento, que necesitó años para lograr la creación de nuevos modelos de negocio como iTunes y Netflix, y que a día de hoy, sólo han resuelto el problema de forma parcial.

En la actualidad, no existe ningún precedente para determinar si los diseños subidos tienen copyright o pueden ser copiados legalmente. Debido a esto, el mercado de la impresión 3D está funcionando por el momento en un área legal bastante gris e indefinida.

John Arsenault, un abogado especializado en temas de derechos de autor y marcas registradas, fundamentalmente en asuntos cibernéticos, cree que esta progresión tecnológica dará lugar a que los fabricantes ofrezcan el uso de sus diseños a cambio de un pago, algo similar a los servicios de descarga de música de hoy en día.

Entonces, ¿es necesario crear un modelo de negocio cuanto antes para evitar futuros problemas con este tema? ¿O será inevitable una nueva polémica sobre los derechos de autor en el ámbito de la impresión 3D?"             (Baquia, 06/03/2013)

13/1/13

La fabricación digital doméstica es “revolucionaria porque pone en jaque la producción en masa y seriada de productos, el sistema de distribución mundial y la lógica del consumo y la obsolescencia programada.

"Para bien o para mal, hemos alcanzado un hito en la historia de la fabricación digital. Acabamos de recibir nuestro primer aviso de retirada de un objeto con copyright”, escribía el fundador de Thingiverse, el portal donde los internautas intercambian ficheros de archivos 3D en febrero de 2012.

La tecnología de fabricación digital aún no es de uso masivo, pero cuando la impresora 3D sea tan común en casa como la de papel, el intercambio de datos de objetos se producirá a la misma velocidad en la que fluyen canciones y películas por Internet desde principios de siglo.

 Entonces empezarán los problemas. Legisladores, abogados, diseñadores y titulares de derechos deben plantearse cómo dar respuesta a una nueva realidad que transforma radicalmente las reglas del juego. Con matices, Thingiverse representa para la fabricación digital lo que Napster supuso para el trueque online de canciones. La petición de retirada, el primer aviso.

El problema es el de siempre. Al igual que en la copia de contenidos, nadie pondrá el grito en el cielo si fabrica una silla para su salón. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando miles de personas descargan un diseño a diario?

¿Qué implica imprimir algo a mitad de precio? ¿Qué hacemos cuando a medida que la tecnología mejora ya no se trata de objetos en plástico o resina sino de cualquier material y de cualquier color? ¿Y si, además, puede fabricar fármacos (drogas), armas o células?

La fabricación digital doméstica es “revolucionaria porque pone en jaque la producción en masa y seriada de productos, el sistema de distribución mundial y la lógica del consumo y la obsolescencia programada. 

Como en toda revolución habrá fricciones con el poder establecido”, plantea Josianito Llorente, responsable de los laboratorios de creación del Centro Internacional de Cultura Contemporánea de Tabacalera (Donosti).

Un producto puede estar protegido por diseño y también por patente (o modelo de utilidad) y otorga al titular la potestad de fabricarlo y comercializarlo, pero también a prohibir que otro lo haga. Y si lo autoriza es a cambio de royalties. La legislación española del diseño industrial autoriza la reproducción de un diseño a un usuario privado, siempre que no haya fin comercial. 

Es decir, nadie puede impedir que fabriquemos cualquier objeto protegido, como nadie puede impedir que copie una canción para su uso particular. A diferencia del derecho de autor, que otorga a los creadores una compensación por estas copias, en el diseño no hay todavía canon. Lo que existen, como para los contenidos, son sistemas anticopia. Mientras unos lo celebran, otros critican que se estén dando los primeros pasos para frenar el movimiento.

¿Si alguien cuelga en Internet estos diseños protegidos en Internet comete una infracción? Al subirlo se reproduce el diseño, pero no se comercializa, es decir, no se pone a la venta el producto que lleva incorporado el diseño. Por otro lado, la ley no recoge la difusión como acto infractor sino la fabricación, oferta, comercialización de los productos que lo incorporen.

En el caso de las patentes y los modelos de utilidad sí se puede dar la infracción indirecta, porque se ofrece a un tercero las herramientas para que cree algo protegido. Y si se comercializa, entonces la infracción es directa. El problema entonces es la territorialidad, porque Internet carece de fronteras y la propiedad industrial otorga protección en los países donde se solicita. 

¿Qué ocurre cuando el que sube el archivo está en Pekín, pero el que lo descarga está en España? Múltiples interrogantes para una nueva revolución industrial, que combina la tecnología digital y la manufactura, y la democratiza al ponerla al alcance de todos a través del ordenador doméstico conectado a Internet."               (El País, 03/01/2013)

27/12/12

El congreso de Holanda dictamina que bajar películas y música es perfectamente legal

"En Holanda, el 30% de la población reconoce descargar películas y música desde la red sin pagar por ello. Esto es completamente legal en el país de los tulipanes, y seguirá siéndolo en el futuro ya que, pese a que se intentó legislar y regular el tema, la Casa de Representantes decidió que no hay delito en ello.

Hace no mucho tiempo, el senador Fred Teeven introdujo un proyecto de ley que buscaba prohibir y sancionar las descargas ilegales de contenido audiovisual en general, pero finalmente fue descartado por el congreso holandés. 

Según Kees Verhoeven, “afortunadamente la Casa de Representantes claramente escogió establecer una muy necesaria modernización a las leyes de copyright, antes que limitar las libertades de internet”. No se puede decir más claro.

El mismo político comenta que la primera necesidad es aumentar la disponibilidad de los contenidos, y esto se logra simplemente a través de nuevos modelos de negocio. “Una prohibición no resuelve el problema de las descargas impagas, y además garantiza la aparición de otros nuevos como ser la restricción de la privacidad de los usuarios individuales”, dice Verhoeven.

Y para que quienes buscaban este tipo de prohibición -discográficas y símiles- se queden tranquilos, se aprobó a modo de compensación un nuevo impuesto a los discos vírgenes (CDs, DVDs, etcétera).

 ¿Será suficiente? Seguramente no para ellos, pero es bueno ver que al menos en alguna parte del mundo quienes dictan las leyes entienden como debe funcionar el sistema de la distribución de contenido digital.


8/11/12

"No eres dueño de nada de lo que alojes en la nube", dice el gobierno de Estados Unidos

"Oh, la nube. Para muchos de nosotros, es la solución ideal para nuestros dispositivos. El concepto de almacenamiento físico va perdiendo fuerza poco a poco, siendo sustituido por el guardado etéreo de nuestros archivos; allá, lejos, en algún lugar que desconocemos pero que, en el momento en que lo queramos, podemos acceder a él. Quizá por eso la nube es la alegoría ideal: en nuestra mente, los documentos están suspendidos en algún sitio remoto.

La realidad es que guardar algo en la nube implica solamente tenerlo en otra parte; probablemente, un servidor remoto dentro de un gran centro de datos. Para nosotros, es de lo más práctico: nos olvidamos de cargar con soportes físicos, con almacenar en el ordenador o con tener innumerables memorias USB. Sólo requerimos de una conexión a Internet y listo, la fantasía se vuelve realidad: los archivos son omnipresentes siempre y cuando podamos colgarnos a la web. (...)

Pero, del lado oscuro -ese que a veces nos negamos a ver por no sacrificar la comodidad-, el alojamiento en la nube es uno de los triunfos de una sociedad que confía demasiado en la tercerización de servicios -el mentado outsourcing-. Es una victoria del capitalismo que hasta guardar lo nuestro lo deleguemos. 

Imagine usted que tiene que cargar siempre con una mochila a todas partes. Es poco práctica porque quizá tiene más cosas de las que puede guardar o se cansa de traer la bolsa a las espaldas.

 Entonces llega alguien con una mochila mucho más grande y dispuesto a cargar tus cosas; a veces, hasta de forma gratuita. ¡Qué placer! El hombre de la bolsa te pide firmar un contrato con muchas letras chiquitas y, emocionado, plasmas tu firma con tal de gozar de esa ventaja. ¡Faltaba más!

Claro, hay un truco: cuando metas tus objetos a la bolsa, dejarán de ser tuyos. Los podrás usar como siempre, pero ya no son de tu propiedad. Pequeño detalle.

No se trata de un ejercicio. Así lo ve el gobierno de Estados Unidos. Hace unas semanas, la Electronic Frontier Foundation, a nombre de su cliente Kyle Goodwin, hizo una propuesta ante la Corte de EE.UU para discutir las acciones del gobierno cuando realizó el cierre de Megaupload

 Si recordamos el caso, las autoridades negaron el acceso a miles de personas al servicio, aún cuando demostraron que los archivos que tenían alojados no infringían el copyright. La respuesta gubernamental ha sido llevar a los afectados a audiencias largas y enredadas, sólo para darles los documentos que son legítimamente suyos.

Sin embargo, lo aterrador del asunto estriba en la defensa que ha esgrimido el gobierno para justificar sus acciones. Según ellos, el señor Goodwin (y miles de personas como él) han perdido sus derechos de propiedad al firmar el contrato de prestación de servicios con Megaupload. 

 ¿¡Cómo!? Para las autoridades, tanto el contrato de Goodwin con Megaupload (es decir, la hoja de términos y condiciones) como el de Megaupload con Carphatia (quien le proveía el alojamiento), limitan los intereses de propiedad. Lo alarmante es que no hay nada de especial en ese contrato: es un estándar, como el que se firma con cualquier otro proveedor.

Es decir, si el gobierno llega con una orden judicial, olvídate de tu información. Da igual qué es lo que guardes: ya no es tuyo. En este esquema, los derechos de propiedad se ven severamente limitados, todo por usar un servicio de un tercero para alojar tus datos. EFF señala que este argumento no está limitado sólo al caso de Megaupload; también funciona para la Amazon S3 (donde empresas como Dropbox guardan todo), Google Apps o iCloud.

 En realidad, prácticamente cualquier usuario de la web está en riesgo, pues es muy difícil concebir hoy en día el uso de la red sin algún servicio de esta índole."          (Pepe Flores, alt1040 , Rebelión, 07/11/2012)

11/10/12

La tecnología nos trae una nueva forma de leer

" (...) The next big thing, la cosa de la que todo el mundo habla, es la tarifa plana para leer. Es la lectura por suscripción, bautizada como el Spotify de los libros. Si pagando unos 10 euros al mes, tengo acceso a toda la música del mundo ¿por qué no hacer lo mismo con las novelas o los ensayos? 

Los pioneros han sido 24symbols, con sedes en Madrid y Londres, que cuentan en su catálogo con los e-books de Anagrama, Roca, Alba, Impedimenta, Nórdica o Rey Lear. Los libros se pueden leer gratis si se acepta publicidad, o pagando una cuota.

Frente a esta apuesta independiente, los grandes grupos -Planeta y Bertelsmann, a través de Círculo de Lectores, empresa en que estos dos feroces competidores son socios- han lanzado Booquo, un portal que permite leer e-books y revistas y, además, alquilar películas.

Cualquier usuario puede acceder, pagando por contenidos sueltos, o una tarifa plana mensual (casi de 10 euros, como en 24symbols) que da acceso ilimitado a los e-books y revistas.
Ambos portales permiten accesos simultáneos -para que toda la familia pueda leer a la vez- pero, si lo comparamos con Spotify, vemos que sus catálogos son más reducidos. Arantxa Mellado, coordinadora de Liber Digital, aclara que “cuesta mucho convencer a los editores españoles para que cedan sus títulos a estas plataformas en streaming, están acostumbrados a la venta por descarga”. 

Si 24symbols paga a las editoriales según las páginas realmente leídas de cada obra, Booquo tiene canales temáticos dirigidos por una persona relevante de cada área: Javier Celaya en el mundo digital, Eduardo Punset en ciencia, Lorenzo Silva en novela negra… 

La creación de comunidades activas supone un plus con respecto al modelo de descargarse un libro en, por ejemplo, los portales de La Central, Laie, Casa del Libro o Fnac, aunque, en contrapartida, en estos lo puede uno encontrar casi todo, al igual que en la iBookstore de Apple, Amazon o Kobo.
Todo, dentro de lo que existe en e-book, que no es mucho. Los expertos no creen que haya más de 20.000 e-pubs -el formato más universal de libro electrónico- en español, frente a un mercado de varios millones en inglés. “Ese es el gran problema -apunta Mellado-, que no hay contenidos”.
Ese lamento sirve para lo que supone pasar libros ya existentes al formato electrónico. Pero florecen nuevas empresas que crean directamente e-books de contenido enriquecido, formato híbrido entre el libro de toda la vida, lo audiovisual y el videojuego, y que abarca las apps para teléfonos móviles y tabletas: editoriales como Sanoen, Arkinauta, La Tortuga Casiopea o Itbook son empresas jóvenes que ven cómo gigantes como Apple destacan de vez en cuando sus creaciones, a menudo libros infantiles.

Están creando una nueva forma de leer, pues el lector puede dibujar, ver vídeos, escuchar canciones, interactuar, ampliar datos… “Eso lleva a su vez a una forma diferente de escribir -apunta Mellado-.
Los escritores tendrán que empezar a pensar en eso, porque esos niños que leen en iPad, conforme vayan creciendo, mantendrán su exigencia de productos más elaborados.
Hablamos a largo plazo, porque para mí es inconcebible leer una novela que no sea una sucesión de texto, pero estas generaciones…”. Noemí Pes, de La Tortuga Casiopea, cuenta que “al principio los ilustradores no creían en esto: ‘Es como si me hiciera una operación de cambio de sexo’, me dijo uno. 

La industria del libro en papel trabaja de un modo individualista, el autor hace el texto y el ilustrador los dibujos, cada uno en su casa, pero en los libros digitales se trabaja en equipo, el ilustrador tiene que estar hablando con el programador, el diseñador, el escritor… Se parece más a la publicidad o el cine, con tormentas de ideas y debates constantes”.

El vasco Javier Celaya, de la consultora Dosdoce, es uno de los gurús de la edición digital. Apunta, incluso, el interés para un lector tradicional de este nuevo modo de leer, pues “mientras estás leyendo un ensayo, por ejemplo, se te abre un recuadro en la pantalla que te recomienda otras lecturas para complementar eso, te dice: ‘Si quiere conocer la tesis contraria a esta, lea este fragmento del libro tal’”.
Y apunta otras vías de negocio como la fragmentación de contenidos -”ya lo hacía Dickens, novelas en entregas semanales”-, la venta de singles -”libros cortos, que se leen en una hora, a muy bajo precio”- o algo que permite la tecnología, como “vender los libros por piezas, solo algunos capítulos que sumamos a los de otro libro, lo que hacen los universitarios con las fotocopias”.
El zarandeo tecnológico tiene una consecuencia inevitable: la confusión de funciones. Antes, el autor escribía, el agente vendía, el editor editaba, el librero vendía… “La cadena de valor del libro era clara y vertical. 

Si se rompía un eslabón se rompía todo”, sintetiza Mellado. Pero, hoy, todos pueden hacer de todo: el autor puede editarse, los agentes corrigen y sugieren cambios a los manuscritos de sus autores, los editores venden derechos…

“La tecnología permite la conexión directa entre autor y lector -apunta Mellado-. Así que, si el escritor pasa por otros puntos diferentes, es para enriquecer el resultado, ya no es una cadena de valor, sino una red”.

 Lo sabe Ángel María Herrera, director de Bubok, que afirma, acerca de su identidad: “No sé muy bien lo que somos, nos han llamado de todo, y no siempre cosas bonitas, pero la realidad es que hacemos de editores, agentes, libreros, distribuidores, prestamos servicios…”
Si J. K. Rowling ha creado la web Pottermore, donde vende directamente los libros de Harry Potter, queda claro que cualquier autor superventas puede hoy fundar su propia editorial en internet para vender sus libros. “Es un toque de aviso para los editores”, cree Mellado.
“Vázquez Figueroa se vino a autoeditarse con nosotros en Bubok -recuerda Herrera-, porque alguien que ha vendido 80 millones de ejemplares, se trae a sus lectores consigo a dondequiera que vaya”. Celaya dice que “los editores deben dar mejor servicio a sus autores y a sus lectores, centrarse en ellos. 

Por ejemplo, deben ofrecer a los escritores una mayor transparencia en las cifras de ventas porque en las webs ya los tienen en tiempo real. Y, con las tarifas planas, se le puede decir a un autor: ‘Mira, no sé qué pasa, que todo el mundo se atasca en el capítulo seis de tu libro’…”.

Para Celaya, en el mundo digital, las editoriales no podrán pasar sin dar un plus a sus autores (por ejemplo, en promoción y visibilidad) ni a sus lectores (por ejemplo, creando clubs de lectura en la red). 

No es, dice, que las nuevas tecnologías se lo vayan a comer todo, sino que “sobrevivirá el que fragmente: el que tenga un tercio de sus ventas en librerías tradicionales, un tercio en plataformas digitales como iTunes o Amazon, y un tercio de venta directa, otro tabú que algunos deberán romper.

El editor es necesario, para cribar el producto y afianzarlo en el mercado, pero debe dar al autor toda la información que tiene y todos los servicios que ya le dan las plataformas. Debe dejar de tratarlo como a un subordinado, y verlo como un socio”.         (En Positivo, La Vanguardia)

27/7/12

Los Sundayers: "El Copyleft ha sido un gran soplo de aire fresco"

"El festivo grupo madrileño se ha propuesto que sean sus seguidores quienes financien su tercer trabajo a través del crowdfunding. Ellos mismos nos lo cuentan.


DIAGONAL: Tras vuestra última experiencia autogestionada ¿Cómo surge dar el paso de intentar conseguir el dinero antes de grabar un disco? ¿Se están hartando los grupos de palmar pasta?

LOS SUNDAYERS: El disco anterior lo financiamos, principalmente, gracias al dinero que conseguimos al ganar un concurso, el Festivaca Araval. Esta vez no teníamos ninguna fuente de ingresos que nos permitiera grabar por nuestra cuenta y riesgo, así que evaluamos las opciones que teníamos. 

Lo que teníamos claro es que no queríamos ningún tipo de intermediario ni padrino que nos financiara imponiéndonos condiciones de ningún tipo, por lo que el crowdfunding en realidad apareció como la solución natural. Además, al ser un grupo completamente autogestionado, nos pareció una forma de financiación muy interesante: entrar en contacto directo con la gente que disfruta de nuestra música, ir enseñando nuestro trabajo a lo largo de la campaña, hacer un uso intensivo de nuestras redes sociales... todo ello encaja muy bien con la forma que tenemos de ver la música, así que nos lanzamos a ello.

D.: Pese a que cada vez se venden menos discos, o eso dicen, parece que el concepto de disco, como colección de canciones, aún no se ha perdido. ¿lo veis peligrar?

L.S. La verdad es que no es un tema que nos preocupe demasiado. Es cierto que es bonito tener un disco en las manos, con su carátula, sus letras y que puedas añadir a tu colección. Pero si desaparece será porque aparezca un nuevo formato más práctico e interesante, así que, en ese sentido, bienvenido sea. 

Hay quien se queja de que con Spotify o YouTube ya nadie escucha los discos enteros, sino sólo canciones sueltas. Pero viendo las cosas con un poco de perspectiva, todos nos hacíamos cintas con nuestras canciones favoritas. Y, sin embargo, nuestros discos favoritos los teníamos desgastados de tanto escucharlos una y otra vez. Así que, ¿por qué tendría que ser distinto con las nuevas herramientas? 

En realidad lo único que hacen es facilitar que cada cual haga lo que más le apetezca, que es de lo que se trata. No es que tengamos una obsesión con las nuevas tecnologías y descartemos todos los demás formatos. De hecho, nosotros seguimos publicando los discos en formato CD. Pero tampoco somos nostálgicos que disfruten del formato por el formato. Lo importante es el contenido.

D.: ¿Cómo estáis desarrollando la campaña y qué tal va?

L.S. Pues no va nada mal. Estamos en la recta final de la campaña y ya hemos recaudado más del 80% del dinero. Pero éste último tramo va a ser mucho más complicado, porque la mayoría de la gente cercana a nosotros ya ha colaborado, y ahora tenemos que seguir buscando formas divertidas y atractivas de atraer nuevos coproductores que no nos venían siguiendo tan de cerca.

D.: ¿Os aporta algo más que dinero esta experiencia de microfinanciación?

L.S. Desde luego. La experiencia de tener que ofrecer algo nuevo casi cada día para seguir manteniendo la atención de la gente es agotadora, pero muy estimulante. Estamos viendo todos los días que es posible salir adelante con nuestra forma de ver las cosas. Y ver que la gente responde de manera tan positiva es algo increíble. (...)

D.: Desde el principio habéis apostado por el Creative Commons, entiendo que como opción política, ¿cual es vuestra visión sobre la autoría, la propiedad y los derechos de las canciones?

L.S. Para nosotros publicar con Creative Commons siempre ha tenido una gran importancia. Llevamos mucho tiempo lamentándonos de los abusos de la industria discográfica, y el copyleft ha sido un gran soplo de aire fresco.

 El problema muchas veces viene del doble lenguaje que se ha venido usando desde la industria y las sociedades de autores, que dicen defender los derechos de los autores cuando en realidad no es así. Nosotros usamos una licencia que nos permite negarnos a que se use nuestra música para fines con los que no estamos de acuerdo (publicidad de marcas comerciales, por poner un ejemplo). 

Con el modelo tradicional ese derecho, en la práctica, no existe. Quien decide cómo y para qué se va a usar una canción es la editorial, no el autor. Y quien se va a llevar la mayor parte del dinero, también. ¿Con qué cara se le puede llamar "defender los derechos de los autores" a eso?

Por supuesto que defendemos la autoría de las canciones. Pero el hecho de reconocer que Money es de Pink Floyd no tiene nada que ver con que yo pueda o no pueda copiármela en mi reproductor o versionarla con mi grupo. Esa asociación de ideas de "alguien ha creado esta canción y tiene derecho a cobrar por ello" es muy tramposa. Claro que tiene derecho a cobrar por ello (si quiere). 

Tiene derecho a cobrar cada vez que venda un disco. Tiene derecho a cobrar una entrada cuando toque en directo. Tiene derecho a cobrar cuando alguien va a sacar un beneficio económico gracias a su música. Todo eso está muy bien, pero pretender que todo el que oiga su música pase por caja no son derechos de autor, es un abuso.

SOBRE EL USO ¿Y EL ABUSO? DE LOS MICROMECENAZGOS "Todo lo negativo que pueda ser que cada vez haya más grupos que pretendan publicar su trabajo sin depender del visto bueno de un sello. No nos planteamos si somos demasiados grupos recurriendo al crowdfunding igual que no nos planteamos si hay demasiados grupos tocando en directo. 

Es una cuestión de creer en lo que estamos haciendo, y de esperar alcanzar nuestro objetivo gracias a un trabajo bien hecho, no porque no haya más donde elegir. Nos encantaría que hubiera una comunidad de crowdfunding muchísimo mayor".                 (Rebelión, 26/07/2012, Arturo Ochoa,

2/4/12

La verdad es que los pesados de los “derechos de autor” me tocan las narices cada vez más, por decirlo así de sencillo y de claro

"La verdad es que los pesados de los “derechos de autor” me tocan las narices cada vez más, por decirlo así de sencillo y de claro. No se que me molesta más: si su farisea moralina o su falta de conocimientos de economía. (...)

Empecemos por el principio: ¿es violar la propiedad intelectual robar como roba un pirata? No. Esto es muy obvio una vez que se piensa un poco. Los economistas solemos distinguir entre los bienes rivales y los bienes no rivales.

 La diferencia se fundamenta en si el uso del bien por un agente económico impide a otro agente usarlo al mismo tiempo: si la respuesta es que sí, es un bien rival, si la respuesta es no, no lo es. Pensemos en una camisa: si yo me pongo una camisa, a la misma vez usted, querido lector, no se la puede poner (al menos que queramos hacer una escena de película de los hermanos Marx).

 En comparación, si yo estoy utilizando el teorema fundamental del cálculo, no impido a nadie que también lo use. Los 7000 millones de seres humanos podemos estar empleándolo a la misma vez y no pasa nada.

 Por ello, cuando yo le quito una camisa a mi vecino, le impido que la pueda seguir empleando. Cuando yo le copio a mi vecino su libro de macroeconomía, no impido que él lo pueda seguir usando. Por tanto, el bien bajo propiedad intelectual no me lo estoy apropiando.

Lo que sí que puedo estar causando es un perjuicio económico. Si el dueño del libro es su autor y yo lo copio, él sigue siendo el propietario del libro pero, por ejemplo, no me lo puede vender. Este daño no es un robo, es, como su propio nombre indica, un posible ingreso que se ha perdido. (...)

Me dirá usted, entonces, que en realidad no hay tanta diferencia: que un robo supone la pérdida de un bien y la copia de un libro supone un lucro cesante. Sí y no. Sí, porque han ambos casos el agente sufre una pérdida. No, porque en el segundo caso lo que realiza es una perdida de potenciales ingresos futuros que nuestro sistema jurídico respeta en muchos casos.

 La mejor prueba de ello es la limitación temporal en los derechos de propiedad: la camisa es mía y lo será siempre. Si tengo descendientes, se la podrán ir pasando el uno al otro hasta el final de los tiempos cuando se caiga a cachos. En cambio, el derecho de propiedad intelectual expirará en un momento u otro.

Es decir: que el derecho ya reconoce de manera bastante clara que estamos hablando de cosas muy distintas.

Pero pongamos otro ejemplo para ir más allá. Imaginémonos que yo, en vez de copiar el libro de macroeconomía de mi vecino, escribo uno mejor y le robo el mercado. El daño se lo causo igual: le quito los ingresos futuros. Esto es perfectamente legal. Sin embargo, si yo creo una nueva camisa, no impido a mi vecino que siga disfrutando de su camisa original sin problema.

La única conclusión lógica a la que se puede llegar, por tanto, es que el copiar una obra intelectual es un acto que no limita el disfrute de la cosa por su propietario pero que causa un daño económico en una tercera persona y que el derecho ha decidido limitar en ciertos casos. Robo, no es robo de nada. Daño al autor: sí, si efectivamente se pierde el flujo de ingresos.

¿Por qué protege el derecho la propiedad intelectual? Porque es necesario dar incentivos ex ante a los creadores de obras intelectuales. Estas se caracterizan por generar, casi en su totalidad, solo costes fijos, mientras que los costes marginales son casi cero. Pensemos en una película: el coste de la misma es filmarla (coste fijo), el coste de vender un DVD más de la misma es casi trivial.

 Si estuviésemos en un sistema donde copiar DVDs fuera gratuito, el precio de los mismos convergería rápidamente a su coste marginal (cero) y por ello, en principio (las cosas en realidad son más sutiles, por eso digo en principio) el creador nunca podría recuperar sus costes fijos, con lo cual no habría creación intelectual.

El remedio que tenemos en occidente es dar un “monopolio” temporal al creador de la obra (o el que tenga el derecho en ese momento) por el cual si alguien vende DVDs de la misma película, se le aparecerá la Guardia Civil a hacerle cambiar de opinión. El monopolista entonces impondrá un precio superior al coste marginal, lo que genera una distorsión ex post.

Es decir: que el otorgar derechos de propiedad intelectual es únicamente un sistema de incentivos y por tanto carece de ninguna valoración moral, ni positiva ni negativa. Nadie tiene “derecho” innato y natural a la propiedad intelectual (sí que creo que tiene derecho al reconocimiento de ser el autor, pero nada más).

 La propiedad intelectual es simplemente un mecanismo de la sociedad para solucionar un problema. Es como poner una cañería en la casa de uno: por algún sitio tiene que ir el agua.

Y de la misma manera que uno puede diseñar distintas cañerías, existen diversas maneras de suministrar los incentivos adecuados. En particular, tenemos que recordar que el monopolio al que nos referíamos genera una distorsión ex post para generar los incentivos ex ante. Por tanto es sensato pensar en la posibilidad de mecanismos alternativos.

 El primero es el mecenazgo, público o privado. Buena parte de lo mejor de la innovación en la historia de occidente ha venido del mismo, incluido la inmensa mayoría de la ciencia básica y de la tecnología moderna. (...)

El segundo son los premios. A lo largo de la historia los gobiernos han otorgado premios a aquellas personas que generaban una nueva idea (por ejemplo, un reloj particularmente exacto para la navegación). (...)

El cuarto son todos los mecanismos de innovación competitiva que han permitido, por ejemplo, el crecimiento de Walmart. Buena parte de los procesos de negocios no están protegidos y pueden ser copiados libremente y sin embargo las empresas continuamente crean nuevos procesos.

Finalmente, y manteniéndonos dentro del sistema actual, se pueden cortar muchos de los excesos que el mismo tiene. Que un libro siga estando protegido 70 años después de la muerte del autor me parece sencillamente absurdo.(...)

 Dado que existen alternativas, la necesidad de reconfigurar nuestro sistema de propiedad intelectual es más importante que nunca. En un mundo digital los límites a la creatividad y a la experimentación, son tan difusos que, coartarla como intenta hacer buena parte de la industria con cosas como SOPA es una profunda equivocación. Vivimos en un momento en el que deberíamos de pecar de poca protección, no de protección excesiva."                  (Nada es gratis, 24/03/2012)

2/1/12

La empresa española Safe Creative facilita la autogestión de la propiedad intelectual a través de Internet

""El registro por Internet puede suponer la liberalización de la gestión de los derechos de propiedad intelectual, como en su día se produjo la liberalización de las telecomunicaciones o, recientemente, la liberalización del juego en la Red", explica Ángel Asín, presidente de Safe Creative, una empresa española donde cerca de 70.000 personas han registrado más de 800.000 obras. El 70% son españolas. (...)


"La principal ventaja de Safe Creative, frente a los registros oficiales y las bases de datos de las entidades de gestión colectiva", explica Asín, "es la transparencia y la accesibilidad, que permite a todo el mundo poder conocer quiénes son los autores y titulares de derechos sobre las obras registradas, la forma en que estos han licenciado sus obras, tanto en copyright como en copyleft (o Creative Commons) y también ponerse en contacto directamente con ellos o con quien ellos designen como representantes o gestores para la negociación de derechos".

Según el anuario del Ministerio de Cultura, en 2009 se registraron en España 43.974 obras, lo que supone una media de 120 obras diarias. En Safe Creative registran 1.000 obras al día.

A juicio de Asín, la autogestión de los derechos beneficia a los autores. "Vuelven a tener el control de sus obras, sin necesidad de encomendárselo ciegamente a un tercero. Además, si lo encomiendan voluntariamente a un representante o agente individual o a una entidad de gestión colectiva, el sistema de Safe Creative les permite tener información y, por tanto, el control de la gestión que estos hacen de sus derechos, al ser un sistema transparente, que permite monitorizar el uso efectivo que se hace de sus obras y, por tanto, los derechos que le corresponden". (...)


Safe Creative ofrece servicios de pago desde hace tres meses. Por el momento, han conseguido 600 clientes y esperan llegar a 1.500 a final de año. Su objetivo es superar los 7.000 clientes de pago en 2012. Desde su creación en la empresa, donde trabajan 11 personas, han invertido 2,5 millones de euros.

La tecnología facilita que las obras se puedan registrar con facilidad. Por los cauces convencionales, las creaciones de música electrónica pueden dar algún quebradero de cabeza. "Ante la dificultad para escribir música electrónica, un creador acudió a la ventanilla con un lápiz de memoria. Le dijeron que sin partitura no se podía inscribir.

El funcionario, no obstante, fue creativo y le recomendó que se lo enviara por correo certificado a sí mismo y no abriera el sobre. Así podría probar que esa obra existía desde que la certificó en Correos. Con nosotros es más fácil. Basta con invertir unos pocos minutos en Internet".

El registro de la propiedad intelectual por Internet de Safe Creative se basa en una semántica desarrollada con la Universidad Politécnica de Madrid, que puede convertirse en un estándar internacional para la gestión de derechos por Internet."             (El País, Ciberpaís, 07/12/2011)

18/5/11

Muchos autores han decidido que la cultura se defiende compartiéndola y que la difusión de sus obras es más beneficiosa que impedir su acceso

"A medida que el negocio discográfico agoniza cada vez más, incapaz de adaptarse a Internet y luchar contra la piratería, son más las alternativas que se les presentan a los músicos para ganarse su alma, es decir, dar a conocer su obra e intentar vivir, o sobrevivir en la mayoría de los casos, de ella.

El papel crucial de las tecnologías en el consumo trasciende ahora también en el impulso de nuevas vías de relación entre el artista y el público.

Las licencias copyleft -libres de derechos- o Creative Commons -derechos definidos por los autores-, alumbradas en la época digital, empiezan a consolidarse en un panorama donde el tradicional control de la industria musical sobre la obra del autor está más en entredicho que nunca. (...)

"Muchos autores han decidido que la cultura se defiende compartiéndola y que la difusión de sus obras, a medio plazo, termina siendo más beneficiosa que impedir su acceso", asegura David Bravo, abogado especialista en propiedad intelectual y derecho informático.

Entre ellos, se encuentra Jorge Otero, líder de Stormy Mondays, grupo de rock que lideró en 2001 una campaña contra la antipiratería y distribuye su música en Creative Commons. "Internet es una oportunidad", afirma.

Lo mismo piensa Luis Asiaín, de la formación folk Triolocría, que vive, como Stormy Mondays, fuera del modelo clásico sin registrarse en la Sociedad General de Autores (SGAE) ni contar con una compañía discográfica: "El mainstream cierra las puertas a músicos que quieren darse a conocer".

Es ir más allá de la conocida autoedición, que lleva a muchos artistas, como proclamaba Prince, a publicarse sus trabajos y luego distribuirlos ante un mercado concentrado en cuatro grandes discográficas y con pocas opciones de riesgo.

"Hay una dimensión de autogestión que pide paso en Internet", dice Juan Palacio, responsable de Safe Creative, plataforma creada en 2006 que permite a los creadores autogestionar las licencias de sus obras así como sus ventas en los nuevos modelos, además de certificar su autenticidad ante terceros. "Esto es imparable", sentencia. (...)

"Las licencias copyleft y Creative Commons son una forma de adaptarse a la nueva realidad que nos ha tocado vivir", explica Bravo. "Las entidades de gestión llevan años inoculando la idea de que el conflicto con las nuevas tecnologías se logra con la persecución de usos masivos e imposibles de frenar", añade.

El responsable de Safe Creative justifica el desarrollo de otros tipos de licencias por la mera lógica de los tiempos: "La propiedad intelectual ha cambiado más en dos décadas que en dos siglos".

La práctica de copyleft, nacida a mediados de los ochenta en la industria informática, forma parte de la cultura de puertas abiertas y es contraria al habitual copyright de derechos reservados. Permite la libre distribución de copias y versiones modificadas.

Es el espíritu de la Wikipedia. Trasladado a la música, una canción se puede explotar y transformar tantas veces como se quiera. Las licencias Creative Commons (CC), en cambio, vienen condicionadas, haciendo posibles seis tipos de permisos diferentes más abiertos y flexibles que los tradicionales.

"Damos satisfacción al autor. Le damos las herramientas para que pueda decidir qué hacer con su obra", señala Ignasi Labasida, responsable de CC en España. La organización, que se mantiene a través de donaciones, reduce las barreras legales de la creatividad, por medio de nueva legislación y nuevas tecnologías, pone encima de la mesa una gestión que no tiene por qué ser colectiva.

En el modelo tradicional, el músico cede toda la gestión de sus derechos a la SGAE. Ahora, por primera vez en la historia, la gestión individual de los derechos de autor adquiere el máximo valor, que puede reservar los derechos que quiera.

"La clave es el protagonismo de las personas", asegura Palacio. "Los últimos que lo van a reconocer son los intermediarios, que se les ha ido el suelo de los pies", añade. (...)

"Ha sido divertido ver la evolución de las entidades de gestión", dice el responsable de Creative Commons. "Al principio decían que ellos las gestionarían, luego lo vieron como un ataque y últimamente empiezan a ver que esto es interesante y quieren estudiarlo".

Con la consolidación de estas licencias y su registro en Internet, Labasida afirma que "el objetivo es que el músico no esté atado al mismo modelo de siempre".

Las ataduras a las que se refiere Labasida recuerdan a las cadenas de las que hablaba Prince. Por el año en que el autor de Purple rain tomó la decisión insólita de adueñarse de sus canciones, el líder de Stormy Mondays chocó con la SGAE.

Otero se convirtió en el primer músico que quería distribuir por descarga su obra en MP3 en una web. Pero la SGAE, que gestionaba sus derechos por copyright, no le dejaba. "No teníamos cabida dentro del sistema", señala Otero, que tardó años en darse de baja de la sociedad debido a los trámites burocráticos.

Gracias a Internet, Stormy Mondays fueron contratados para tocar en el aniversario de Woodstock en 1999 y ahora se han convertido en el primer grupo español en sonar en el espacio, a bordo del Endeavour. Su iniciativa, que fue un obstáculo en el anterior contexto, tiene un abanico de opciones en la era digital.

Una de las más atractivas es Jamendo, una web nacida en 2005 con más de 300.000 canciones y 45.000 músicos bajo licencias CC. "Hemos creado una gran comunidad con más de un millón de usuarios en el mundo", cuenta Alexandre Saboundjian, director general de Jamendo.

La plataforma, cuya música se escucha en streaming, protege el trabajo de los artistas al mismo tiempo que los difunde. Especializada en hilos musicales y listas de reproducción para comercios, vende también las obras que almacena, en catálogos o de forma individual, para todo tipo de soportes informáticos y móviles.

"Es un nuevo mundo para la música, donde los artistas se llevan más porcentajes por su obra", asegura Saboundjian. En Jamendo este porcentaje gira en torno al 35%. Otras páginas como Musicleft, creada en 2006 y con más de 100 artistas, buscan ser un trampolín para los músicos desconocidos o que no quieren participar en el sistema actual licenciando sus obras en copyleft.

"La música ya no es como hace 20 años", afirma Borja Sánchez, responsable de Musicleft. "Somos gratuitos y una buena manera de promocionar al artista que recibe ingresos a través de conciertos, merchandising...", añade." (El País, 18/05/2011)

28/4/11

¿Qué aportan los agregadores? ¿Perjudican a los medios? ¿Puede un diario prescindir del público que llega desde estas páginas?

" The Huffington Post. Este "periódico de Internet" combina agregación de noticias, producción de contenido original y un sólido entramado de blogs, columnas de opinión y comentarios.

El pasado febrero fue adquirido por AOL por 315 millones de dólares (216 millones de euros). Prueba de su efectividad es que con apenas seis años de vida está a punto de superar en número de usuarios únicos al mes a la edición digital de The New York Times. (...)

"Hay algunos que solo obtienen contenido de forma ilegal y otros lo hacen de una manera adecuada, distribuyen el tráfico hacia los creadores del contenido y además comparten los beneficios publicitarios", señala.

Google News y Yahoo! News son ejemplos de agregadores que seleccionan contenido de forma automática. Frente a ellos, otras publicaciones combinan noticias creadas por otros con reportajes propios y secciones en las que mezclan noticias para darles mayor contexto.

Es el modelo de The Huffington Post, o TechCrunch, un blog consolidado a base de noticias sobre la industria tecnológica, producidas por otras publicaciones, con exclusivas propias. (...)

Chris Anderson, profesor y sociólogo de la Universidad de Nueva York, ofrece una perspectiva revolucionaria: eliminar la palabra "agregadores". Ha pasado el último año analizando qué publicaciones agregan y por qué, y dónde está el límite entre la agregación y la producción de contenido original.

"No hay una definición clara de lo que significa. Y cuando no hay forma de definir un término, quiere decir que no funciona", dice Anderson. El sociólogo se pregunta si él también es agregador. "Hago trabajos de campo, leo investigaciones hechas por otros y saco mis conclusiones". (...)

"Incluso el contenido supuestamente original es un trabajo de agregación. Agregamos entrevistas a fuentes, documentos, nuestras propias observaciones de gente y lugares. (...) Si de verdad estuviéramos creando contenido original, estaríamos escribiendo ficción". Niles recomendó a los medios que olviden del debate entre agregación y contenido original.

Anderson sugiere lo mismo: "El problema no son los agregadores, es que el modelo de negocio ya no sirve".La verdadera amenaza para los diarios es el elevado coste relativo que supone producir información original -sueldos de periodistas, cobertura de eventos especiales, costes de impresión y distribución- mientras sigue bajando el nivel de circulación, las audiencias migran a la Red y caen los beneficios publicitarios, todo ello en un contexto de crisis económica.

Y aunque aumenta la publicidad en sus ediciones digitales, no crecen lo suficiente como para igualar cifras anteriores. (...)

La amplia circulación de información en la Red también elimina las diferencias entre el contenido de unas cabeceras y otras. Los agregadores aprovechan para seleccionar las noticias más interesantes para el público a un coste mucho más reducido, lo que permite consolidar empleos y publicaciones enteras basados simplemente en gestionar la información que circula en internet.

Ken Doctor, autor de Newsonomics, un análisis sobre modelos de negocio en la era digital, cree que el argumento económico en la pelea entre medios y agregadores no deja ver la gran oportunidad que llega con el nuevo panorama de los medios: audiencia. Doctor define el nuevo ecosistema como un embudo.

Un gran número de fuentes de tráfico, ya sea por búsquedas en Google, redes sociales, recomendaciones por correo electrónico, agregadores o visitas directas a la versión digital de un diario envían lectores hasta la información.

"Hay que dejar de pensar si es bueno que lleguen desde una dirección u otra, y centrarnos en qué hace cada clase de lector y cómo asegurarnos que vuelven a consultar el medio", comenta.

Para Grueskin, parte de la respuesta de los medios tradicionales debería ser precisamente "convertirse en mejores agregadores, basándose siempre en reglas de uso justo". (...)

Algunos medios podrían haber encontrado la solución sin llegar a juicio. Una treintena de compañías de periódicos, con un total de 800 cabeceras, firmaron un acuerdo en 2006 con Yahoo!.

El portal de Internet también tiene un agregador de noticias y se comprometió a trabajar en la difusión del material periodístico, la distribución de tráfico de lectores y negociar contratos publicitarios compartidos con los diarios.

La agencia de noticias Associated Press (AP) también respondió al reto con el lanzamiento de un "registro de noticias" en 2009. Siguen cada contenido para aprender cómo se consume la información en la Red.

A partir de esos datos, AP confía en vender licencias para reproducir el contenido a través del recién creado News Licensing Group. La decisión despertó mucha polémica hace dos años: agregadores, blogs e internautas que quieran reproducir contenido deberán pagar una licencia por los derechos de copia del material. (...)

Fórmulas mixtas

La otra solución adoptada es una combinación de agregación y periodismo. The Miami Herald, The Charlotte Observer y The Seattle Times, todos diarios locales, agregan contenido creado por blogueros de estas ciudades para complementar los reportajes de sus reporteros.

"Se trata de un modelo de negocio muy claro. El medio ofrece una audiencia mucho más grande que la que puede conseguir el bloguero por su cuenta. Este logra difusión y promoción. El periódico consigue contenido gratis", explica Doctor.

Los autores de blogs deben atenerse además a estándares periodísticos muy similares a los de los reporteros del diario. Según el autor de Newsonomics, es "un proceso que utiliza la tecnología actual y que puede servir para los medios de comunicación en áreas muy distintas. The Huffington Post es el único que ha conseguido hacer que funcione en el ámbito nacional".

La crisis económica y de los medios ha hecho que muchos periódicos ya no puedan permitirse una plantilla de decenas de reporteros para cubrir la actualidad de una gran ciudad.

Este sistema de agregación de contenido local llega en el momento perfecto desde el punto de vista económico, pero también sirve para atraer a la audiencia, indispensable para mantener cualquier empresa de comunicación.

El gurú Jeff Jarvis apodó al nuevo contexto como "la economía del link". Un ecosistema nuevo, en constante evolución y en el que conviven medios tradicionales con los recién llegados. Un ecosistema que presenta tantos desafíos como oportunidades.

Uno en el que la remuneración económica y directa por un artículo dejará de ser la única forma de recompensa y donde el poder de atracción de la marca y su reputación, como explica Doctor, siguen siendo algo por lo que luchar." (El País, 27/04/2011, p. 30)