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20/12/16

Una plataforma para la moda responsable

 
 Kavita Parmar, cofundadora de I Owe You Project, junto a algunos modelos de la firma.  

"Elena, metro en mano, corta el patrón de lo que será una capa gris marengo. Lo hace en mitad de la tienda de I Owe You Project, en el callejón de Jorge Juan, en el madrileño barrio de Salamanca. Su trabajo de hoy forma parte de una escenificación, pero la imagen se repite todos los días en la cadena de producción del proyecto.

 "Nos hemos olvidado de cómo se hace la ropa que nos ponemos, y estamos aquí para recordarlo", explica Kavita Parmar, madre de un proyecto de moda sostenible que nació en 2011 a raíz de la iniciativa #quiénhacemiropa. "Las tiendas deben ser lugares interactivos, donde la gente vea la ropa pero también entienda de dónde viene".

Y su motivación es también su modelo de negocio. Kavita y su socio, el ingeniero del Instituto de Tecnología de Massachussetts (MIT) Enrique Posner, de Elizondo, llevan la trazabilidad y la transparencia del mundo de la moda a otro nivel. Cada paso que da la prenda, desde que sólo es una fibra que se convertirá en tejido, queda documentado y se puede consultar en la plataforma online creada para el proyecto, "la parte más cara y más costosa, pero que hemos registrado porque no existía nada parecido", cuenta la diseñadora.

 Y esta documentación no es otra que la de poner cara al artesano, o sea, saber "quién ha puesto las manos en la prenda que cubre tu cuerpo, de dónde viene, a qué se dedica, cómo lo ha hecho y cuánto vale su trabajo".

"Creemos que si humanizamos así la prenda, todos ganan", explica: "El que compra, porque sabe de dónde viene lo que viste, pero también las personas que tratan el tejido y lo cosen, que si ven que sirve para algo se motivan y aman más su trabajo". 

Por eso, cada prenda, —que suele ser única porque producir a gran escala sería contrario a sus principios— tiene una etiqueta con un código QR que ayuda a seguir la pista a la ropa para "establecer un diálogo que demuestre que cuando compras ropa compras el tiempo de una persona".

 El "sueño" de Kavita empezó en 2001, cuando creó sus dos marcas: Raasta y Suzie Wong. Hasta entonces había trabajado en la moda "por casualidad". "Me fui de casa con 16, lo cual fue una revolución para mi familia", explica, "les había dicho que quería ser política pero una joven india no parecía poder serlo, así que me fui". 

Y entonces sus pasos la llevaron de Canadá, donde vívía, a Europa y Asia, donde a los 21 ya era dueña de su propia empresa. La venta de aquella marca le dio capital suficiente para abrir en 2008 su tienda, una vez que se instaló en España. I Owe You Project vería la luz algo después, en 2011.

La inversión inicial no contó con fondos externos: ella y un socio aportaron un millón y medio de euros. "Estoy sola en esto, ¿crees que un inversor va a creer en un modelo a largo plazo?", intenta explicar, "mi lógica como empresaria es que quiero cambiar el pensamiento de consumo, y eso no te lo compra ningún inversor". 

Así que después de la adquisición del local en Serrano, que costó dos millones y medio de euros —para los que pidieron una hipoteca—, el proyecto echa a andar en forma de tienda física, online, multimarca y consultoría (que supone el 30% del volumen de negocio). Ya están presentes en 400 puntos de venta. Su facturación en 2015, fue de cuatro millones y medio de euros, con un 12% de beneficio neto. Cada año crecen un 15%: "Era nuestro objetivo".

¿Es posible vivir de la revolución sostenible de la moda? "Sí, porque el crecimiento para nosotros es la idea del cambio, aspiramos a cambiar las cosas", apunta. "Antes la moda era casi un comodity, pero si Inditex y H&M empiezan a preocuparse por la sostenibilidad, como lo están haciendo, es que estamos generando cambios". 

El valor que aporta el proyecto de Kavita, en palabras de la directora de Slow Fashion Next, Gema Gómez, consultora referente de este mercado, "es que ella conoce bien lo que pasa en India y en Estados Unidos y es capaz de entender por qué no tiene sentido seguir produciendo a gran escala".

"Cuando llegó la crisis", explica la diseñadora india, "que nos dio de pleno porque las tiendas nos cerraron sus puertas y hubo problemas con nuestra hipoteca, nos dijeron que el futuro era que todo fuera low cost'". 

"Me negué, porque sé lo que es que un pueblo entero no pueda beber agua porque está contaminada de los tintes de la producción masiva de ropa". I Owe You Project, que trabaja con su propia lana merina española, no está en contra de la globalización "siempre que sirva para que cada centro de producción sea local, tengan salarios justos y podamos enseñarlo".

Kavita trabaja con artesanos de India, y aunque es de allí donde viene gran cantidad de su materia prima, ésta se teje también en la planta de Elizondo (Navarra) donde cuatro personas trabajan para ellos. "Pusimos un cartel en el bar del pueblo y se apuntaron unas señoras maravillosas", explica la empresaria, "con ellas ya somos 11 las personas que estamos en este proyecto, y el resto son 315 artesanos entre India y Europa y empresas externas con las que hacemos proyectos puntuales".

Ejemplo en la ONU

No puntualmente, sino como parte central del proyecto, I Owe You ofrece talleres, charlas y hace consultoría que también computa en su cuenta de resultados. "Hemos colaborado con Levi's, Ikea y Nike y nos han llamado para dar clases las Universidades como FIT, Parsons, el Instituto de Empresa, Swedish School... los libros escritos sobre sostenibilidad nos dedican capítulos enteros", explica.

Su trabajo, además, ha merecido la invitación de las Naciones Unidas, como parte del programa de líderes en Turín (Italia). Este mismo organismo les concedió el UNSSC Leadership Award. Y han recibido varios premios en materia de innovación y dado charlas sobre el valor de la artesanía y de la moda sostenible en los cinco continentes. 

 "Gandhi emprendió la primera revolución textil y hay un lema suyo que nos guía, que es que seas el cambio que tú quieres ver". Kavita resume así su labor: "Gracias a la tecnología, a enseñar a la gente quién hace su ropa y el tiempo que les lleva, cambiamos la conversación sobre el valor y el precio del trabajo. El acto de compra es un voto muy poderoso".

El largo viaje de una empresaria precoz


Kavita Parvar (India, 1972) empezó estudios universitarios en Literatura inglesa y Filosofía, pero su vida dio un giro cuando se mudó a Hong Kong, donde montó su primera empresa con 18 años. Allí conoció de cerca el trabajo con artesanos y con proveedores. Ha pasado por India, Singapur, Estados Unidos y España, donde vive con su marido y socio. 

 Antes de montar la marca online I Owe You, de ropa casual y con una cesta media de 85 euros, lanzó dos marcas que también hacían hincapié en lo artesanal y la transparencia en el trabajo. Suzie Wong, es una línea de moda de fiesta inspirada en los años 20, cuyos productos rondan los 350 euros, y Raasta vende ropa de mujer "contemporánea" con prendas sobre los 120 euros."                    ( , El País, 18/12/16)

29/11/13

La salida a la crisis pasa por la ´revolución verde´ de la energía... municipalizándola

"Para salir de este circulo vicioso propone aumentar las fuentes renovables para limitar las importaciones –«los 60.000 millones de euros que se gastan al año en acudir al exterior a comprar energía»–. 

Como sugirió a España la UE, en lugar del IVA y el IRPF para aumentar sus ingresos, incrementar los impuestos ecológicos, que tendrían el efecto añadido de que supondrían «redistribuir la cesta de consumo», eliminando o reduciendo la dependencia del exterior.

Ortega defiende que hay mecanismos para romper esa dependencia. Y uno de ellos está en la propia Ley de Bases de Régimen Local, que fija la obligación de «integrar la generación de energía en la planificación urbanística». Aunque eso es algo que aún no ha hecho «ningún ayuntamiento».

Entre las herramientas a disposición de las administraciones locales Ortega citó la posibilidad de «expropiar para mejorar la economía local», o «reapropiarse» de la red de distribución eléctrica, que «forma parte del servicio público».

También implica resistirse a las presiones del «lobby contra las renovables» y la inercia de la Administración cuando, por ejemplo, a día de hoy la Comisión Europea mantiene que en 2050 costará aún más de un millón de euros generar un megavatio mediante energía fotovoltaica, a pesar de que como la tecnología ha evolucionado «mucho más rápido», el coste real ya está hoy por debajo de esa cifra. (...)

El ejemplo a seguir, dijo en su disertación, está en Alemania, donde existen 9.000 cooperativas de generadores de energías renovables, en una verdadera eclosión de este fenómeno. 

La crisis en España está implicando, en muchos casos, «la desaparición del Estado», en tanto que se desregulan o privatizan servicios, pero en el motor económico de la Unión Europea se ha seguido «el proceso inverso», con la municipalización de la generación de energía, por ejemplo.

Allí hay ya pequeños municipios que generan del 80% a más del 100% de sus necesidades mediante energías limpias, «al lado de Berlín, que solo genera un 2%» de su consumo mediante estas fuentes. Pero también está llegando a las grandes ciudades germanas, como Munich y Hamburgo, donde se han implantado ya cooperativas de usuarios y se extienden las redes municipalizadas de suministro, creadas incluso por referéndum.

El razonamiento que avala este modelo es palmario. En la capital bávara se calculó que la energía que requiere cada ciudadano al año asciende a 3.500 euros. Si es la propia ciudad la que atiende esta demanda, esta riqueza y los empleos que genera se quedan «en la propia ciudad», con lo que se «evitan desequilibrios y se relocaliza la economía», en lugar de enviar un dineral a los mercados energéticos para suministrar a los muniqueses energía mediante combustibles fósiles importados de las lejanas economías del desierto o de peligrosas centrales nucleares, en proceso de desmantelamiento en el país.

 Según Ortega, buena parte de la salida a la crisis pasa por «la revolución verde», la irrupción de estas energías limpias y su incorporación a la economía real."          (Entrevista a Jordi Ortega, Diario de ibiza, 22/11/2013)

12/5/10

Desde la aldeal gallega... a la aldea global


Martin y Barbara Jablonowsky dirigen empresas 'on line' desde Sober(Galicia)

"Martin y Barbara Jablonowsky (Düsseldorf) decidieron dar un gran salto en su vida y se decantaron por el rural gallego. Pero antes de saltar, se cercionaron de tener la red bien segura. No una red para acróbatas, sino una buena conexión a Internet. Se han asentado en la aldea de Mer (Sober) desde donde dirigen varias empresas on line.

Llegaron a Santiago con Ryanair, en el vuelo inaugural de una nueva línea de la compañía. Estaban encantados porque la firma les había invitado al viaje, y quedaron más encantados aún al descubrir Galicia. Que decidieran que este era el lugar en el que querían estar era sólo cuestión de tiempo. (...)

Martin tenía su propia compañía, especializada en la creación de páginas web, en la conformación de redes internacionales y en venta on line, así como una red para contratación de viajes asociada a agencias de todo el mundo. El negocio se podía manejar desde cualquier lugar, siempre que hubiera buena conexión a Internet. Cuando eligieron Mer, en Sober, no tenían muchas esperanzas de lograr el soporte necesario, y esa fue la única condición que pusieron a la inmobiliaria. Sorprendentemente, se lo consiguieron en unos días.

Restauraron la casa reservando un pequeño apartamento independiente que alquilan para turismo rural, y que han bautizado como Casa de las Flores. Para promocionar la zona, tienen una página web www.lifeingalicia.com, donde tratan de atraer viajeros y narran sus experiencias gallegas. Barbara ha construido unos invernaderos y cultiva plantas de flores singulares y hortalizas de forma ecológica, utilizando la energía solar para el riego. Promociona su jardín a través de www.lemosverde.com.

También son pioneros en la puesta en marcha de una especie de banco de tiempo, grupo de trabajo o de apoyo, según se mire. Son un colectivo de 14 personas que reservan todos los jueves para el intercambio de tareas: van a casa de los vecinos a ayudar en el campo o en lo que haga falta. Cada tres meses, hacen un mercadillo donde cambian los productos que elaboran y cultivan. Barbara también organiza un mercadillo de Navidad en el que vende artículos decorativos artesanales, siguiendo la tradición inglesa.

Dicen que se han adaptado bien. "Los gallegos son muy reservados en el primer contacto, pero en poco tiempo ya te aceptan como amigo", dice Martin. Comentan encantados que el día de la fiesta de San José en Mer les invitaron a participar en la comida comunal. "Aquí en el pueblo somos como una gran familia, con 21 vecinos y una granja de vacas para carne y leche", explican. Apuntan con orgullo que hay 7 niños en la aldea, la garantía del futuro.

Ellos son buena muestra de cómo Internet ha borrado distancias y barreras: viven a un tiempo en la aldea rural y en la aldea global." (El País, ed. Galicia, Galicia, 08/05/2010, p. 8)

9/3/10

Cultivar la tierra para protegerla... con cooperativas...

"Lucía Ferreira y sus vecinos de Quilmás, en Carnota, no quieren una piscifatoría frente a su costa. La firma noruega Stolt Sea Farm, que desembarcó en la Costa da Morte hace dos décadas para poner en marcha un criadero de rodaballos, pretende ampliar sus instalaciones en 25 hectáreas de parcelas propiedad de los vecinos. A la espera de lo que finalmente ocurra con sus terrenos, a un grupo de agricultores de Quilmás se les ocurrió darle otro uso menos agresivo a las fincas . Así nació Rainha Lupa, una cooperativa agraria que pretende ganarle el pulso a la planta piscícola.

La mayoría son mujeres y la socia más veterana ha cumplido los 80. A las tierras cultivadas desde antes de la polémica de la piscifatoría se les sumaron otras baldías en la que ahora crecen zanahorias, cebollas y espárragos, los productos que más éxito tienen entre los clientes. Los vegetales se dan bien en los terrenos arenosos de la costa, y la cercanía del océano proporciona el grado de humedad necesario para que no sea necesario regar.

En Quilmás el pretexto para reactivar la agricultura local fue la defensa de la costa, pero existen muchos otros. El de la cooperativa A Xoaniña, de Ferrol, es darle un barniz humano a una actividad sobre la que cada vez mandan más las empresas. "Aquí no es el capital el que dedice, sino los socios. Cada uno tiene un voto, independientemente del capital que aporte", resume Xan, uno de los miembros de A Xoaniña, que ya agrupa a 180 familias. Reconoce que la alimentación ecológica es más cara, "pero para una compra semanal superior a los diez euros, compensa", dice. La cooperativa reúne a los productores locales de la zona de Ferrol: ellos se benefician de la red de A Xoaniña y los clientes saben lo que comen, que es de lo que se trata.

La sabiduría del rural es de las mujeres, que se pusieron al frente de las explotaciones familiares cuando sus maridos buscaron trabajo en otros sectores. Si comercializan su productos lo hacen a través de la industria, como la lechera, y en contadas ocasiones prescinden del intermediario. Para ellas nació la asociación Lentura, que en 2005 puso en marcha el proyecto Amorodo en los municipios de Brión, Ames, Rois y Dodro. Los 30 agricultores que la forman se pasaron dos años estudiando cómo hacer requesón, conservas, cultivar la tierra y reconocer la lentura, el momento más propicio para la siembra. La suya, insiste Xan Carlos, responsable del proyecto, no es sólo una apuesta económica, sino también ideológica. "Queremos una relación directa entre productor y consumidor, centrada en el local, no nos interesa ir más allá". (...)

Xan Carlos no cree en las etiquetas y rechaza que Amorodo sea presentado como un proyecto de agricultura ecológica. "Nosotros producimos alimentos sanos de forma sustentable". Cada asociado comercializa lo que sabe, y el compromiso llega hasta donde quiere el productor. Algunos socios se han entusiasmado tanto que ya se han dado de alta como autónomos para dedicarse profesionalmente a la agricultura. Otros, sobre todo los más mayores, se contentan con dar salida a un producto que de otra forma se les pudriría en casa. El colegio de Rois come durante un mes de las manzanas de una productora del municipio que rentabiliza así sus parcelas poco aptas para la agricultura.

A Lucía, Xan y Carlos les preocupa comer sano, pero también asentar población en ayuntamientos envejecidos que no tienen quien quiera trabajar la tierra. "Carnota es uno de los municipios de Galicia que más población joven pierde, y pensamos que ésta es una manera de que se impliquen", defiende Lucía desde Quilmás. La batalla contra los gastos estimula la imaginación, y en Rainha Lupa las hortalizas se transportan hasta los mercados en autobús, "para ahorrar".

La nostalgia por el rural también mueve a los activistas de la alimentación. Ramón Paz y 19 compañeros más acaban de crear la Asociación Galega de Horticultura Urbana para llevar las huertas adonde reina el asfalto. En Ferrol y Ourense ya tienen dos grupos constituídos y el propio Paz hace ensaladas con las lechugas de sus macetas. "Cuando comes lo que tú mismo cultivas, algo cambia en tu cabeza", asegura, defensor del consumo responsable. También Lucía apela a la sensatez: está convencida de que las 25 hectáreas que ambiciona Stolt Sea Farm serán más útiles para Quilmás si se las queda Rainha Lupa." (El País, ed. Galicia, Galicia, 07/03/2010, p. 16)

24/11/09

Cooperativas de aldea... de productos ecológicos

(traductor gallego-español)

" #3 hai 16 horas e 9 minutos Geluka

Pois si, penso que ese é o problema: hai que ponher en valor o noso.
Traballando pola comarca do Carballinho, no concello do Irixo, tiven oportunidade de conhecer, na parroquia de Loureiro, a cooperativa co mesmo nome da aldea, Santa Mariña de Loureiro. Producen leite, iogurtes e queixo biolóxico, de máis está dicir o boísimos que están!.

Puden ver e comprobar cos meus propios ollos o que significou esa pequena cooperativa para a xente da aldea de Loureiro. As mulleres contáronmo, "A cooperativa salvou á aldea. Tod@s @s veciñ@s viven dela: de vendelo leite á cooperativa ou mesmo de traballar nela". Nesta ocasión a iniciativa foi do cura da aldea, nun local infrautilizado como hai moitos no rural.

Bendita iniciativa!, nunca mellor dito, e fermoso exemplo do que pode ser a Galiza si florecen e apoian iniciativas como estas. De non ser pola cooperativa, o lugar da parroquia de Loureiro estaría totalmente morto, sen poboación, sen gando, sen prados....imos deixar que ese sexa o futuro de Galiza??" (Comentario al artículo de Antonio Oca: Sorprendente discurso de Sarkozy. Vieiros, 23/11/2009)