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6/11/09

Los recursos de propiedad común... las pesquerías costeras...

"Dice la nueva Premio Nobel que "los recursos de propiedad común" se utilizan cuando el propietario es el gobierno, cuando no existe propietario o cuando pertenece a una comunidad de usuarios. En este sentido estamos hablando de los recursos pesqueros y sus problemas de administración. Y, por lo tanto, de cómo llegar a aplicar instrumentos de gestión que eviten el deterioro de los stocks y la recuperación de los mismos. Para ello, es preciso definir tanto "los derechos como las reglas"; a la vez que determinar con bastante precisión los niveles de acción que deberían ser "tanto operacionales como de decisión colectiva". (...)

Dicho de otra forma, un derecho de propiedad significa la autorización para emprender acciones específicas relacionadas con una esfera concreta; y por cada derecho que un individuo disfruta, existen reglas que autorizan o que demandan acciones específicas a la hora de ejercer dicho derecho. (...)

Se aprecian, pues dos cuestiones de gran valor en la gestión pesquera. En primer término, las vinculadas a los niveles de acción operacionales que incluyen los criterios de acceso (derecho a entrar en una propiedad física determinada) y los criterios de extracción (derecho a obtener los productos de los recursos). Y en segundo lugar, son los criterios de decisión colectiva los que enmarcan los derechos futuros; esto es, incluyen la capacidad de gestión (derecho a regular los modelos de uso interno y a transformar el recurso mediante mejoras); el derecho de exclusión (o derecho a determinar quién tendrá el derecho de acceso y cómo ese derecho puede ser transferido) y el derecho de alineación (o derecho a vender o arrendar uno o varios de los derechos colectivos).

Así las cosas, los pescadores cuando se convierten en titulares de derechos de gestión tendrían autoridad para determinar cómo, cuándo y dónde se pueden realizar capturas de un recurso; y, al mismo tiempo, cómo poder cambiar la estructura de un recurso. El derecho de exclusión les permitiría establecer los requisitos a cumplir para acceder a un recurso. Y el derecho de alineación es un derecho colectivo que permitiría a su titular transferir parte o el total de sus derechos colectivos a otro individuo o grupo.

¿Cómo enfocar estas consideraciones en el sector pesquero? Ostrom establece un panel con cuatro derechos de propiedad: el primero, es posible tener derechos de entrada, sin tener derecho de extracción; el segundo, tener derechos de extracción, sin derechos de gestión; el tercero, tener derechos de gestión, sin derechos de exclusión; y el cuarto, tener derechos de exclusión sin derechos de alienación.

Este análisis resulta básico para poder afrontar eficazmente la gestión pesquera. Sus consecuencias resultan cruciales. Así, el derecho de alineación es fundamental para un uso eficiente de los recursos; al igual que el derecho de alineación combinado con el derecho de exclusión, permite generar incentivos con los que los dueños pueden acometer inversiones a largo plazo. Igualmente, la alineación permite que un recurso pase de ser menos productivo a tener un uso más productivo; aunque también es cierto que el simple hecho de que exista un dueño no garantiza la supervivencia del recurso.

Las aportaciones de Ostrom buscan reforzar los derechos de los propietarios confiando a estos últimos mayores niveles de responsabilidad y hacerles recaer la mayor capacidad de poder establecer derechos de exclusión y de alineación. Es evidente que bajo este análisis se busca resolver los problemas pesqueros, evitando la degradación del recurso y la sobre-inversión; permitiendo a través de acuerdos de propiedad efectivos en la mayoría de las pesquerías costeras poder actuar de manera más estable y más garantizada." ( FERNANDO GONZÁLEZ LAXE: Elinor Ostrom y la pesca. El País, ed. Galicia, Galicia, 31/10/2(009, p. 5 )

18/2/08

Tecnología Talento y Tolerancia las tres T

"Las instituciones de gobierno tienen como obligación lograr los mejores ratios de crecimiento económico y desarrollo social. Para conseguirlo han utilizado acciones e instrumentos que desde la diversidad lograron mejorar poco a poco dichos objetivos. Las autonomías españolas apostaron sucesivamente por modelos que perseguían perfeccionar la eficiencia por medio de aumentar la productividad y mejorar el posicionamiento exterior. Posteriormente, se alinearon con los modelos de Michael Porter, y se afianzaron las cadenas de suministro y se reforzaron las condiciones de competitividad. Y en la actualidad los retos residen en cómo afrontar la globalización y cómo resolver la dialéctica de lo local/global.

A la vista de esta secuencia, la instancia local/regional sigue siendo determinante. Y para ello, es preciso admitir que la política de clústers, donde antes no había nada, arroja un balance problemático, con muchas sombras y zonas grises. Los críticos de esta apuesta argumentan que no resulta fácil clusterizar por decreto. De esta forma, los avances en las políticas locales/regionales asignan un mayor protagonismo de lo local, como respuesta a la globalidad; y los objetivos de la competitividad determinan tanto las condiciones de atractividad como la consistencia de una economía territorial. De ahí que, los gobiernos locales/regionales afronten cada vez mayores demandas de la población y se les exija una creciente capacidad y protagonismo financiero. Ante estas cuestiones, la planificación estratégica regional se centra en cómo gestionar el conocimiento y el territorio. Se plantea de la siguiente forma: la gestión del territorio necesita interactuar y generar sinergias entre el capital humano (trabajadores y expertos); el capital social (empresas, universidades y sociedad civil) y el capital tecnológico (infraestructuras y sistemas de información). La gestión de la sociedad del conocimiento se convierte en el paradigma adecuado para afrontar los retos y poder aprovechar las oportunidades emergentes del futuro.

La publicación por parte de Richard Florida de su obra The rise of the creative class ha generado un amplio debate internacional sobre las nuevas formas de gestión territoriales. Sostiene que las claves del crecimiento económico de las últimas décadas fueron la Tecnología, el Talento y la Tolerancia (las 3 T). Es decir, las clases creativas son las que generaron un mayor crecimiento y las que buscaron entornos atractivos en cuanto a su tolerancia hacia modos de vida no estándar y a sus posibilidades culturales y de entretenimiento. Resulta tan cierta esta teoría que las ciudades creativas son las que más han crecido en las últimas décadas, generando empleo de calidad y salarios más altos; y no se ha producido enfrentamiento en dichas urbes entre las propias clases creativas y las familias tradicionales, dado que ambas se ven atraídas por la diversidad y la convivencia armoniosa.

Este modelo de Florida supera al de Porter en la medida que los gestores se afanan por cerrar las condiciones propicias para el asentamiento de clases creativas, proponiendo nuevos espacios de participación, información e intercambio entre los agentes económicos, sociales y culturales; ofertando redes de información y acceso a todos los ámbitos de la vida cotidiana; y generando un corpus sólido de conocimiento. Las recientes apuestas de la Xunta por estimular la creatividad, potenciar el talento y apostar por la tolerancia pueden servir de gran palanca para el desarrollo. Las razones son muy obvias. En primer lugar, para contribuir a desarrollar la sociedad civil es preciso reforzar el sentimiento de pertenencia y de participación. En segundo, resulta necesaria una mayor movilización del potencial socio-económico local. Y en tercer término, se considera imprescindible promover al máximo la innovación adaptada a las condiciones de nuestro entorno.

Este modelo de las 3T nos permitiría situarnos en condiciones de evitar la fuga de cerebros, mitigar ciertos niveles de dependencia externa, eliminar la cultura y la práctica del subsidio y potenciar nuestra capacidad competitiva. En suma, una vez que los procesos de convergencia regional en España se han estabilizado, como se está verificando en las últimas investigaciones, las políticas de diferenciación territorial cobran más fuerza y cada ciudad/región apuesta por un modelo propio, basado en la consistencia y la coherencia de las propuestas, que debe convertirse en la garantía de un éxito sostenible.” (FERNANDO GONZÁLEZ LAXE: Tecnología, talento y tolerancia; EL PAÍS – ed. Galicia, Galicia, 04-08-2007)