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27/3/13

Chipre podría contar con un cajero de BitCoin

"En medio de la crisis que vive en estos momentos Chipre, un empresario canadiense propone a los chipriotas la posibilidad de convertir la moneda virtual, BitCoin, en efectivo y al revés.

El canadiense Jeff Berwick, director ejecutivo de TDV Media & Services, anunció en su boletín financiero 'The Dollar Vigilante' su intención de instalar cuanto antes en la isla de Chipre el primer cajero automático de BitCoin, una moneda virtual creada en 2009, que a diferencia de la mayoría de divisas, no está regulada por ninguna institución, como un banco central, sino que depende de una base de datos distribuida.

"Puedes depositar moneda oficial en el ATM de BitCoin y recibir bitcoins en tu cuenta. También puedes enviar bitcoins y recibir moneda oficial”, explica sucintamente Berwick en el blog, añadiendo que están trabajando para "proveer a la gente de Chipre de la liquidez que necesitan en estos tiempos duros".

Jeff Berwick está convencido de que BitCoin "será la divisa del futuro" y asegura que "los ataques por parte de los gobiernos y bancos centrales demuestran que ellos lo saben".

Los bancos de Chipre, la mayoría de los cuales reanudarán su funcionamiento el 28 de marzo, llevan cerrados desde el día 15 de este mes. Como medida para contrarrestar la crisis, las entidades establecieron en 100 euros el límite diario de retirada de efectivo en sus cajeros automáticos

Durante las últimas dos semanas el precio de un bitcoin casi se ha duplicado, aumentando desde los 40 hasta los 72 dólares, lo que podría deberse al creciente interés por parte de los ciudadanos chipriotas y rusos preocupados por la situación en Chipre, según expertos."      (RT, 25/03/2013)

31/12/12

Suecia podría renunciar al pago en efectivo

"Actualmente, tiene todas las oportunidades de ser el primer país en renunciar por completo al pago en efectivo. Solo un 3 % de pagos en Suecia se realiza en efectivo, en la UE, el 9 %. Según escribe el diario letón Telegraf , en Suecia es imposible pagar en efectivo el viaje en algunos autobuses puesto que el pago se admite solo mediante el SMS.

Algunos bancos tampoco admiten billetes. La iglesia también sigue estas tradiciones: a veces, los feligreses eran incapaces de hacer donaciones ya que no tenían dinero en efectivo. La iglesia no tuvo otro remedio que instalar “terminales de targetas de crédito”.    (R-evolución, 2012, 28/12/2012)

30/12/12

Apple, Google y Amazon, amenaza para la banca tradicional, según Deutsche Bank

"Las grandes compañías de Internet se están adentrando poco a poco en todos los aspectos cotidiano de los ciudadanos. Al principio fue exclusivamente en el ordenador, para después dar el salto al teléfono, televisión, ahora ya están reemplazando gradualmente a las tarjetas bancarias con otros métodos de pago, aunque el próximo paso sería desarrollar créditos y captar depósitos, según un informe de la agencia Interfax referida a una investigación de Deutsche Bank.

La revolución tecnológica podría llevar a los gigantes Google, Apple o Amazon a dar el paso definitivo a nuevos servicios bancarios que puedan hacer sombras a los bancos tradicionales, a los que en muchos casos les cuesta modernizarse.

Y es que, según el informe, no sólo cualquiera de éstas tres podría suponer una alternativa a medio plazo, sino que otros servicios como Paypal ya están dejando fuera a los bancos con algunas opciones de pago, y suponen una gran amenaza debido a que cuentan con una base de clientes superior a la de muchas entidades.

El estudio también pone de manifiesto una pérdida de credibilidad y confianza de los banco europeos, ya que entre el 60% y el 80% de los encuestados aseveraron que creen menos en la necesidad de entidades, ya sean españolas, italianas, alemanas o británicas, según recoge RT News."          (El Economista.es, 26/12/2012)

18/12/12

No; Italia no estaba quebrada. Sólo se había salido del euro, y adiós muy buenas. Pero, ¿por qué cargar con el gasto y las molestias de volver a imprimir liras? La nueva lira solo existía en forma digital

"Hubo que esperar a 2020 para que el grueso de la población empezara a “ver” qué era el dinero. Durante unos meses –luego de que la “revelación” comenzara a inundar primeras planas, ondas radiofónicas, pantallas televisivas, blogs, tweets y twits en los principales medios de comunicación—, se convirtió en un chascarrillo bobarrón: 

“2020, ¡al fin una visión perfecta! ¿Cómo pudo ser todo tan borroso durante tanto tiempo?”. Durante miles de años, en efecto.

La mayoría se inclina a pensar que el ajuste óptico empezó con el colapso final de la Eurozona en 2019, un suceso predicho con cierta anticipación. Lo sorprendente es que la revelación se dio con Italia, y no con Grecia, como todo el mundo esperaba.

 Ello es que la caliente sangre italiana fue la primera en alcanzar el punto de ebullición al calor de la paralizante crueldad de una austeridad duraderamente impuesta: la isla de Sicilia amenazó con la secesión, y estallaron sangrientas revueltas populares en Roma, Nápoles y Milán, primero, y luego por doquiera. 

El gobierno capituló el 12 de septiembre de 2018, declarando no sólo que se reinstituirían las pensiones –con pagos en “la moneda nacional de Italia—, sino que se incrementarían en un 10%. Luego declaró doce meses de vacaciones fiscales nacionales: los impuestos al ingreso y al valor añadido se suspendieron en tanto durara lo que se convino en llamar la “Transición Nacional”.

Las sombrías previsiones de hiperinflación no llegaron a materializarse. En cambio, la gente volvió a la labor para limpiar la basura y los desechos que habían venido amontonándose durante meses, trabajó a cambio de liras, reconstruyó edificios incendiados y reparó vías de tráfico e infraestructuras públicas sumidas en el abandono durante un año.

 Sin embargo, lo que cogió por sorpresa a todo el mundo fue la decisión del ministro italiano de hacienda sobre el modo de llevar a cabo la transición del euro a la lira. ¿Por qué cargar con el gasto y las molestias de volver a imprimir liras?, se preguntaban. 

Los teléfonos móviles habían sido capaces durante cierto tiempo de realizar transacciones con las tarjetas de crédito y de débito. Y por qué no prescindir completamente –se preguntaba el ministro— de la lira en efectivo y, en cambio, emitir para cada ciudadano italiano una “Tarjeta de Liras Digitales” (TLD), que podría cargarse con liras en cualquier cajero automático, para luego ser debitada en cualquier establecimiento de venta mediante un teléfono móvil. ¿Y por qué no?

A las pocas horas del anuncio gubernamental de la Transición, los trabajadores de la “Brigada de Reconstrucción de Emergencia” (creada para remover la basura y los escombros dejados por las revueltas) estaban cobrando sus “cheques salariales” por la vía de insertar unas Tarjetas de Liras Digitales (TLD) de un rojo brillante en los cajeros automáticos: las liras habían sido depositadas “en” los cajeros automáticos mediante pulsaciones realizadas en los teclados de los computadores del ministerio de hacienda. 

No tardaron las TLD en comprar vino y pan, pasta, aceitunas y bizcochos en los mercados de Nápoles y Roma. Los cafés callejeros reabrieron sus puertas, y hasta el Teatro dell’Opera, que había cerrado las suyas en 2017, volvió a funcionar: para acceder, bastaba pasar una TLD por un lector situado a la entrada del teatro.

 Y sobre todo: todo el mundo se sentía feliz de haber refutado en la práctica el amargo argumento político con que se había martirizado al país por años. No; Italia no estaba quebrada. Sólo se había salido del euro, y adiós muy buenas.

Pero lo que realmente llamó la atención de todo el mundo fueron las TLD. El servirse de dinero digital empezó a cambiar el modo en que la gente entendía el dinero. No es que fuera algo realmente nuevo; hacía décadas que el grueso de las transacciones se realizaba ya mediante golpes de tecla digitales. Lo nuevo, parece, era la total ausencia de dinero en efectivo.

 La nueva lira solo existía en forma digital: números en una pantalla. No podías tenerlas en la mano y contarlas una a una. No podías juntarlas en fajos y metértelas en el bolsillo o guardarlas en la cartera o encerrarlas en una caja fuerte. Ni podían caérsete del bolsillo y perderse. Empezó a perder fuelle la idea del dinero como una cosa física que, como cualquier otra cosa física, se asocia a cantidades finitas.

Mas raro aún, todo el mundo empezó a entender claramente de dónde venían las liras digitales, cómo se creaban. Se creaban desde el teclado de una computadora del ministerio de hacienda. Ya no era como si vinieran de un puchero que, de una u otra forma, tuviera que volver a llenarse.

 Lo cierto es que el ministerio de hacienda producía liras exactamente igual que un generador eléctrico bombea electrones hacia la red eléctrica, desde donde mueven motores e iluminan accesorios luminosos y pantallas de televisión. 

Los trabajadores de la Brigada de Emergencia pudieron “ver” eso cuando insertaron sus TLD en los cajeros automáticos y observaron aparecer los números en la pequeña pantalla.

Los bancos siguieron prestando como antes, pero también aquí hubo sorpresa: el app del teléfono móvil que permitía a todo el mundo la gestión de sus propias cuentas de TLD revelaba –en formato visual— que, una vez concedido el crédito bancario, el banco NO incrementaba la oferta nacional de dinero (según se había creído durante siglos).

 Cuando un fabricante de pasta tomaba prestadas 100 liras digitales para comprar harina, la columna derecha de su TLD-app mágicamente se incrementaba por valor de 100 “nuevas” liras digitales; pero la columna izquierda mostraba simultáneamente -100 liras digitales, el monto que tenía que devolver al banco. 

Sus liras digitales netas (la línea de abajo en su TLD-app) seguían igual: el banco, en efecto, no había “creado” dinero alguno. Eso venía a reforzar su percepción de que las nuevas liras digitales creadas eran las que habían salido de los teclados del ministerio de hacienda. No podrían haberse creado de otro modo.

 Y una vez eso se hizo diáfano, otra cosa comenzó a impresionar la percepción cotidiana de las gentes: la única forma que tenía el ministerio de hacienda de dar existencia con pulsaciones de teclas a las liras digitales era “gastar” esas liras en algo.

Y gastarlas, las gastaba. Para pasmo de todos, durante el año de la “Transición Nacional” –entre el 12 de septiembre de 2018 y el 12 de septiembre de 2019— el Estado contrató con empresas privadas y con contratistas obras de reconstrucción y reparación por un monto superior a los 60 mil millones de liras digitales.

 Se expandió el sistema de la educación pública, se planearon escuelas e institutos nuevos para cada comunidad, y la formación de maestros y profesores se convirtió en prioridad nacional. La “Brigada de Reconstrucción de Emergencia” se engrosó rápidamente, hasta llegar a substituir por completo la cobertura pública del desempleo y suministrar un trabajo útil a cada ciudadano italiano parado mayor de 16 años dispuesto a trabajar por un salario.

 Completada la limpia y reconstrucción del país, la BRE pasó a desarrollar todo tipo de servicios que los alcaldes y poderes locales pudieran considerar de utilidad, sin competir con las empresas privadas locales. 

Se instituyeron programas de subvenciones con metodología experimental –modelados conforme a los esfuerzos de la Fundación Gates para la erradicación de las enfermedades tropicales— para dotar con dineros de partida a pequeños innovadores en todo tipo de asuntos, concediéndose las subvenciones a través de una evaluación por pares organizada por Internet y de un proceso de votación.

 Las ciudades costeras comenzaron el largo y arduo proceso de elevar sus históricos diques de piedra de contención marina para hacer frente a las sombrías predicciones climáticas de una crecida del nivel de los océanos. La tasa de desempleo nacional, que había llegado al 40% antes de las revueltas, cayó a menos del 10% en doce meses. 

En acelerada caída el desempleo, el mayor debate en el ministerio de hacienda durante el año de la “Transición Nacional” era si podían extenderse, y por cuánto tiempo, las vacaciones fiscales, y qué tipo de estructura fiscal imponer luego. Lo que dio una inesperada vida al debate fue percatarse –de modo tan repentino como cristalino— de que la razón para reintroducir los impuestos NO era que se necesitaran para recaudar liras digitales a fin de poder pagar el gasto público.

 Pues estaba meridianamente claro que el ministerio de hacienda podía gastar tantas liras digitales como le acomodase, simplemente dándole al teclado. No era necesario recaudarlas antes como impuestos. 

No; la razón de que el ministerio reintrodujera los impuestos era la necesidad de drenar la circulación de las liras digitales, una necesidad dimanante de la necesidad de controlar la inflación. Aunque no habían hecho todavía su aparición las presiones inflacionarias sobre la lira digital, parecía inevitable que lo hicieran a medida que descendiera más y más el paro, y la economía fuera acercándose a una situación teórica de pleno empleo. 

El ministerio de hacienda se hizo consciente de la tarea que propia y realmente cumplirían los impuestos: sacar de la circulación una parte de las liras digitales anteriormente gastadas, a fin de impedir que el volumen total de liras en circulación se disparara fuera de control. 

Una vez hubo consenso general sobre eso, los términos del debate cambiaron, y pasó a discutirse qué tipo de fiscalidad nacional había que imponer. Si no se recaudaba para cubrir el gasto público, ¿no podría hacerse con otros fines? ¿Por qué no un Impuesto al Ingreso con fones de redistribución de la riqueza? 

Pero si se acababa de admitir que los impuestos no se recaudan para cubrir el gasto público –si no hay diferencia entre liras recaudadas como impuestos y liras creadas con un teclazo—, entonces ¿cómo habría de redistribuir la riqueza un Impuesto al Ingreso? 

Los impuestos al ingreso, era evidente, ¡ya no cumplían el menor papel! Análogamente, ¿para qué servía gravar el consumo con un Impuesto al Valor Añadido o IVA? Lo que se quiere, después de todo, es que los consumidores consuman; así que ¿para qué penalizarlos por ello? 

Lo que se acordó finalmente es un impuesto al carbono. Tenía éste el mérito, sobre todo, de conseguir el objetivo –todos sabían que muy pronto sería un objetivo crítico— de drenar la circulación de liras digitales para controlar la inflación.

 Pero, en segundo lugar, se conseguía el objetivo de incentivar a empresarios y a consumidores a quemar menos carbono en la producción y en el consumo. Los diques marinos construidos por la BRE podrían no haberse construido tan altos como pudiera llegar a ser necesario. 

Había un grupo particularmente insatisfecho con todo esto: los mafiosos que, desesperados, habían empezado a convertir a toda prisa sus negocios a cualquier moneda que no fuera la lira, porque descubrieron de un día para otro que resultaba imposible llenar maletines con efectivo para sus transacciones criminales.

 Los padrinos estaban furiosos, pero habría sido necio plantear abiertamente sus objeciones. En un descubrimiento conexo, el gobierno halló que un sencillo programa de computador conseguía eliminar virtualmente la inveterada corrupción de las contratas públicas. 

Resultó que la trayectoria por la economía de cada lira digital emitida podía seguirse indefinidamente con precisión. El programa, conocido como L-Track, podía realizar búsquedas con filtros variables que generaban información instantánea sobre el lugar en que se hallaba la lira en cuestión en cualquier momento dado. Imposible esconder liras, y muy difícil detraerlas sin ser visto.

El mundo estaba expectante, huelga decirlo. Observaba con el mayor interés. Los economistas ortodoxos se devanaban los sesos para entender la “primavera italiana” y se desesperaban tratando de explicar por qué el “déficit” que el Estado italiano “estaba registrando” no parecía ser la “deuda” que siempre fue, y que siempre tenía que “devolverse” a todo el mundo. 

Este extremo último de la confusión también se acabó, y la “gran iluminación” empezó a abrirse aquí también paso.

 Los ciegos recuperaron la visión, se abrieron los ventanales, se descorrieron los glaucos visillos y se abrió paso una nueva visión del dinero: cuando aquellos villanos financieros que habían tenido secuestrada a la Eurozona todos esos años de crisis de deuda aumentando los tipos de interés exigidos para comprar bonos griegos, italianos y españoles y negándose a aceptar la menor quita cuando estas desdichadas naciones se esforzaban por pagar intereses; cuando aquellos fariseos compradores de bonos fueron al ministerio de hacienda italiano y anunciaron que ahora sí querían comprar de nuevo bonos italianos, recibieron esta contestación del ministro: 

- “¿Bonos? No tenemos bonos para vender. ¿Para qué querríamos venderles bonos a ustedes? No tenemos necesidad de su dinero”. 

Y los compradores de bonos repusieron: 

- “¡Pero nosotros queremos comprar sus bonos! Necesitamos un lugar en el que aparcar todo este dinero en efectivo, que no sabemos qué hacer con él; un lugar donde depositarlo y que nos rinda intereses. ¡Necesitamos que emitan ustedes bonos para que nosotros podamos comprarlos!”. 

A lo que el ministro de hacienda replicó: 

“Si ustedes desean gastar su dinero en Italia, vengan y construyan una fábrica, o inventen una nueva manera de convertir la luz solar en electricidad usando nano-partículas, o encarguen una nueva ópera o alguna gran obra de arte… Pero no vengan aquí a comprar nuestros bonos. Ya no estamos en el negocio de aparcarles aquí el dinero y, encima, pagarles por el privilegio.”

Corría el año 2020, y el mundo todo se incorporó y tomó nota."        (Europa, 2020: una ucronía iluminadora, de J.D. Alt,  Sin Permiso, 02/12/2012)

5/9/12

El dinero... en el móvil

" Vamos a repasar doce opciones innovadoras en medios de pago.
 
Antes de empezar a verlas conviene recordar que, salvo alguna excepción, la mayoría apuestan por la virtualización de la tarjeta de crédito, por su desmaterialización, pero esta sigue estando allí. ¿Son una amenaza para Mastercard o Visa o una nueva vía de desarrollo?. 

Comencemos precisamente con los que prescinden de la tarjeta. Facebook, después de abandonar los Facebook Credits llega a acuerdos con telecos como Telefónica digital, que tiene su propia entidad de dinero electrónico, para cobrarnos a través de la factura telefónica. RIM, Google o Microsoft también se han sumado a dicho medio de cobro.

De hecho, en los países del Tercer Mundo con bajísima bancarización, se esta aprovechando la amplia penetración de los móviles para centrar todos los servicios bancarios en los mismos. Pensemos en M-Pesa, impulsada por Vodafone en Africa.

Google Wallet, el servicio que absorbió a Google Checkout, tras superar alguna situación critica respecto a su seguridad, va cogiendo forma, admitiendo cualquier tipo de tarjeta asociada a su tecnología NFC. Supondo que es el paso previo a su posible extensión fuera de EEUU

Dwolla, un sistema disponible por ahora en los EEUU, que en vez de asociar tarjetas de crédito lo hace a través de cargos en cuenta.

Especificamente para pago por internet tenemos a Netswipe, que usa la cámara de nuestros equipos como medio de introducción de las tarjetas.

Una alternativa bastante disruptiva, que rompe con lo establecido, y también pensada específicamente para las webs y los desarrolladores de apps es Stripe. Merece la pena que los que os mováis en estas áreas le echéis un vistazo, aunque por ahora esté restringido a los EEUU.También lo está Square.

Lo que empezó con la posibilidad de usar nuestro móvil como TPV, para simplificar la vida a los comercios físicos, ha dado un salto de gigante, con una alternativa clara al NFC, aplicando técnicas de geofencing (aunque el video de demostración al respecto ha sido deshabitado para uso público, lo que puede suponer que finalmente apuesten por el NFC al haber fichado gente de Google Wallet especializada en el tema)

La versión europea de Square es iZettle, sin embargo, no parece tan avanzada tecnologicamente y comparte uno de los problemas de su clon: sus tarifas para comercios son bastante elevadas para lo que se estila en España.

Una opción española es PayTouch, que usa la biometria, concretamente las huellas dactilares,como medio de pago asociado a una tarjeta, pensado especialmente para los locales de ocio nocturno.

Mencionaré también Bitcoin, la moneda virtual de la que ya hemos hablado, aunque esta muy lejos de ser un medio de pago generalizado, tal y como los entendemos. Sin embargo su apuesta es tan novedosa que merece la pena ser reseñado.
Para los que el salto resulte demasiado atrevido, hay alternativas como MintChip, dinero virtual impulsado por el Banco Central de Canada.

Para cerrar la mera enumeración de los mismos, pensemos que Apple ya está trabajando en su Apple´s Wallet. Y es que nadie quiere quedarse sin su parte del pastel."       (El blog salmón, 12/08/2012)

19/6/11

"Poco a poco, Facebook Credits se está convirtiendo en una moneda digital "

" La empresa tiene una moneda propia que está evolucionando hasta el punto de convertirse en el estándar de transacción dentro del servicio: los Facebook Credits.

"Nació como una moneda virtual para que los usuarios realizaran pequeñas transacciones en los diferentes juegos. Era más sencillo con una moneda única. Ahora las marcas ofrecen más cosas. Una compañía promocionó el estreno de la película y para verla permitía pagar de esta manera. Cada día se suben miles de contenidos a la plataforma.

Poco a poco, Facebook Credits se está convirtiendo en una moneda digital más amplia de lo pensado inicialmente", explica. Las compañías, de este modo, tienen la oportunidad de crear ingresos desde dentro del propio ecosistema.

Facebook podría considerarse como un país en sí mismo, en el que cientos de compañías operan. "Amazon, por ejemplo, en Estados Unidos tiene integrada su tienda con Facebook. Imagina poder entrar en la página y conocer los cumpleaños próximos de tus amigos, o los productos que tienen señalados como deseados, a través de un me gusta.

Ebay lo integra para facilitar las compras de grupos entre amigos de manera automática. Además, todo tu círculo de amigos se informa sobre los productos adquiridos", expone con ilusión. Las posibilidades alrededor del llamado comercio electrónico social son innumerables." (El País, 18/06/2011, p. 68)

10/4/11

"Hay una confabulación interplanetaria para que la gente vaya a la compra sin billetes, sin monedas, sin firma, sin códigos PIN... sin contraseñas"

"Hay una confabulación interplanetaria para que la gente vaya a la compra sin billetes, sin monedas, sin firma, sin códigos PIN, en fin, sin contraseñas.

Es el NFC (Near Field Comunication) el pago sin contacto, que consiste en pasar una tarjeta o el móvil por la máquina expendedora, por la caja del supermercado o por el torno del metro. (...)

A final de año habrá 40 modelos de móviles con el chip que permite los pagos sin marcar un número secreto y, por supuesto, sin firmar un papelito. (...)

Una de las grandes ventajas del sistema es su rapidez: menos de 200 milisegundos, lo que reduce colas en el transporte público, en los tornos de los estadios (los abonados del Real Madrid la tienen), en los supermercados o en los sitios de comida rápida que, al final, por culpa del cobro, resultan comida lenta. Precisamente McDonald's lo incorporará antes de los Juegos Olímpicos de Londres.

En principio, todos hacen un buen trato: el consumidor hará menos colas, los emisores de tarjetas llegan a un sector al que no llegaba (los pequeños pagos de cafés o periódicos: 85.000 millones de euros en Europa, según sus datos oficiales) y el comercio reduce costes: la empresa de transportes deja de emitir bonobuses pues ya vale la visa, y el supermercado no tiene que cuadrar la caja al final del día.

De momento el sistema más adelantado y extendido es el de la tarjeta, ya que el móvil necesita el acuerdo de operadoras y fabricantes. Como dejaron claro en el congreso de ayer de Visa Europa, para que el NFC triunfe la campaña tiene que llegar y convencer a la vez al consumidor y al comerciante, a los bancos y a las telefónicas. Con el fracaso de la tarjeta monedero, ya se tuvo bastante.

Las tarjetas o el móvil NFC están pensados para pequeños pagos, lo que no quiere decir que no se puedan facturar grandes cantidades, solo que en ese caso, se pide el clásico código de autorización.

Otra ventaja del sistema es su universalidad: lo mismo vale en el metro de Madrid que en el de Londres, incluso puede aplicar los descuentos por multiuso, o elegir la propina adecuada para el taxista. También, antes de dar el OK al pago, se pueden añadir el lugar y el motivo del gasto, con lo cual quedará registrado.

"El NFC no solo es para pagos", dice Henri Ardevol, vicepresidente de NXP, fabricante de los chips NFC. "Es un elemento de comunicación rápido y fácil, por ejemplo, para el intercambio de tarjetas o de datos entre dos móviles, de forma más natural que con el Bluetooth". (El País, Ciberpaís, 09/04/2011, p. 52)

28/2/11

"Nuestra misión es ayudar al pequeño comercio de los países en vías de desarrollo a controlar su negocio desde el móvil"


El equipo de Frogtek ha creado una aplicación que permite gestionar negocios desde el móvil

"Así es como Guillermo Caudevilla, director de tecnología de Frogtek, explica el sentido de TiendaTek, la aplicación ganadora de los premios mWomen App Challenge, organizado por el GSMA y patrocinado por Vodafone.

Frogtek, nacida en 2009 en Huesca y con sedes en Colombia y México, tiene el propósito de "hacer algo para que los más pequeños puedan operar en el mercado en igualdad de condiciones".

Con esta premisa idearon TiendaTek, una aplicación para móviles inteligentes que "lleva la contabilidad y el control de existencias de su negocio", algo que hasta ahora se hacía de manera rudimentaria.

La aplicación está pensada para pequeñas tiendas, tenderetes y mercados ambulantes, en muchos casos, regentados por mujeres. Mediante un lector de código de barras conectado por Bluetooth con un smartphone, el comerciante puede llevar un control exhaustivo sobre qué vende y qué le falta.

La información se almacena directamente en los servidores de Frogtek, que, procesando estos datos "obtiene información de interés para grandes marcas que consiguen la trazabilidad total de sus productos en estos países y poder calcular mejor sus inversiones en mercadotecnia".

La única inversión del comerciante es el teléfono y el lector del código de barras. FrogTek -que emplea a 15 personas y facturó 180.000 euros el pasado año- va a lanzar una prueba en México junto a Telefónica, que financiará el smartphone del comerciante.

"Tanto en México como Colombia, los bancos están interesados en dar créditos a quienes tengan unas cuentas reales sobre su negocio, y esto es justamente lo que proponemos con la aplicación", explica Caudevilla." (El País, Ciberpaís, 27/02/2011, p. 60)

21/1/11

Película producida por... todos


Fotograma de la película española 'El cosmonauta'

" El Festival de Sundance, meca entre las montañas nevadas de Utah (EE UU) para las películas independientes, presenta en su programa, que se inaugura hoy, a varios alumnos aventajados de lo que Hollywood llama crowdfunding y en realidad supone otorgar a la multitud el viejo papel del productor cinematográfico.

The Woods, presente en la cita, es un inmejorable ejemplo de todo esto: por medio de una colecta popular, el director Matthew Lessener logró los 10.000 dólares de presupuesto necesario para terminar su película. ¿Cómo? Acudiendo a la financiación popular en la red.

La clave, como en el resto de los procesos de democratización cultural que imperan en Internet, es que cualquiera puede traspasar la frontera entre el espectador y el agente creador. Y como es habitual en estos casos, todas las aportaciones, por pequeñas que sean, cuentan.

Allison Anders, otra de las hijas predilectas de la nación indie que se da cita en Sundance, también ha recurrido a la financiación popular para Strutter. Su último filme digital cuenta con un presupuesto de 20.000 dólares recaudados mediante Kickstarter, una de las páginas de Internet dedicadas a encontrar dinero para los artistas necesitados.

Hay quien habla de los nuevos mecenas de calderilla. Sea como sea, desde su nacimiento en 2009, Kickstarter asegura haber recaudado 15 millones de dólares entre sus usuarios para los diferentes proyectos fílmicos. Su competencia, IndieGoGo, habla por su parte de millones de dólares para 14.000 proyectos. (...)

También en España. Se está ensayando la fórmula en largometrajes como El cosmonauta, que ayer ya contaba con más de 2.570 productores (los crowdfounders que han comprado en su tienda y que tienen derecho a nombre en los títulos de crédito y una entrada para ver la película). El proyecto lleva dos años con un gran número de seguidores en Internet. Además unos 80 inversores han puesto unos mil euros cada uno.

En plena preproducción, Nico Alcalá, Carola Rodríguez y Bruno Teixidor, los ideólogos, esperan rodar en mayo, mientras asisten a las reuniones que Alex de la Iglesia ha convocado en la Academia sobre la ley Sinde. La película, por cierto, ha abierto otra nueva vía de explotación: al producirse con licencias libres, podrá verse gratis en Internet, donde ya está su teaser.

Claro que en esto, como en casi todo, siempre hay clases. Anders, tras 25 años en la industria, juega con ventaja. La realizadora puede ofrecer a sus contribuyentes regalos donados por sus amigos, como Quentin Tarantino.

Otro ilustre metido a buscar productores en la multitud es Simon Helberg, del reparto de The Big Bang Theory. Está utilizando a sus seguidores de Twitter para recolectar fondos para I Am I. Lo mismo que Neil Gaiman, el autor de Coraline, ha movilizado a sus seguidores para recaudar en la Red los 150.000 dólares que necesita Christopher Salmon para un cortometraje animado.

Las webs de ayuda a los artistas acostumbran a cobrar un porcentaje de los recaudado (un 4% en el caso de IndieGoGo. En cuanto a los donantes, adelantan su dinero normalmente a cambio de que figure su nombre en los títulos de crédito o de algún otro obsequio que por lo general no incluye ningún derecho sobre el filme acabado ni sobre sus posibles ganancias posteriores.

Por un porcentaje similar, Kickstarter marca un tiempo específico para recolectar un mínimo garantizado (por lo general, 2.500 dólares) meta que de no alcanzarse determina el fin de la colecta y con ello la devolución del dinero a quienes se interesaron por el proyecto.

Dicen quienes lo han intentado que conseguir los primeros mil dólares es fácil. Lo complicado llega después. Pero no solo el dinero importa: las películas empiezan a cultivar seguidores y publicidad a la vez. Y serán los propios inversores los que se molestarán en correr la voz por la cuenta que les trae.

Las posibilidades de financiar una película de cien millones de dólares, la media de un blockbuster estadounidense, son escasas con este sistema. Pero como sugiere Slava Rubin, de IndieGoGo, quizá la cosa cambie si un día un Kevin Smith, con 1,7 millones de seguidores en Twitter, decide rodar con financiación popular ese Superman que los estudios nunca le dejaron realizar."

También en España. Se está ensayando la fórmula en largometrajes como El cosmonauta, que ayer ya contaba con más de 2.570 productores (los crowdfounders que han comprado en su tienda y que tienen derecho a nombre en los títulos de crédito y una entrada para ver la película). El proyecto lleva dos años con un gran número de seguidores en Internet. Además unos 80 inversores han puesto unos mil euros cada uno.

En plena preproducción, Nico Alcalá, Carola Rodríguez y Bruno Teixidor, los ideólogos, esperan rodar en mayo, mientras asisten a las reuniones que Alex de la Iglesia ha convocado en la Academia sobre la ley Sinde. La película, por cierto, ha abierto otra nueva vía de explotación: al producirse con licencias libres, podrá verse gratis en Internet, donde ya está su teaser.

Claro que en esto, como en casi todo, siempre hay clases. Anders, tras 25 años en la industria, juega con ventaja. La realizadora puede ofrecer a sus contribuyentes regalos donados por sus amigos, como Quentin Tarantino.

Otro ilustre metido a buscar productores en la multitud es Simon Helberg, del reparto de The Big Bang Theory. Está utilizando a sus seguidores de Twitter para recolectar fondos para I Am I. Lo mismo que Neil Gaiman, el autor de Coraline, ha movilizado a sus seguidores para recaudar en la Red los 150.000 dólares que necesita Christopher Salmon para un cortometraje animado.

Las webs de ayuda a los artistas acostumbran a cobrar un porcentaje de los recaudado (un 4% en el caso de IndieGoGo. En cuanto a los donantes, adelantan su dinero normalmente a cambio de que figure su nombre en los títulos de crédito o de algún otro obsequio que por lo general no incluye ningún derecho sobre el filme acabado ni sobre sus posibles ganancias posteriores.

Por un porcentaje similar, Kickstarter marca un tiempo específico para recolectar un mínimo garantizado (por lo general, 2.500 dólares) meta que de no alcanzarse determina el fin de la colecta y con ello la devolución del dinero a quienes se interesaron por el proyecto.

Dicen quienes lo han intentado que conseguir los primeros mil dólares es fácil. Lo complicado llega después. Pero no solo el dinero importa: las películas empiezan a cultivar seguidores y publicidad a la vez. Y serán los propios inversores los que se molestarán en correr la voz por la cuenta que les trae.

Las posibilidades de financiar una película de cien millones de dólares, la media de un blockbuster estadounidense, son escasas con este sistema. Pero como sugiere Slava Rubin, de IndieGoGo, quizá la cosa cambie si un día un Kevin Smith, con 1,7 millones de seguidores en Twitter, decide rodar con financiación popular ese Superman que los estudios nunca le dejaron realizar." (El País, 20/01/2011)

"Dos webs españolas, que introducen el fenómeno importado de EE UU, ayudan a encontrar financiación para proyectos creativos.

Producir un documental solidario, escribir una novela fantástica o montar un banco de tiempo. El crowdfunding, en español financiación en masa o micromecenazgo, encuentra el dinero necesario para sacar adelante cualquier proyecto creativo a través de Internet.

La idea es sencilla: poner en contacto a creadores y mecenas. Un creador expone su proyecto, lo publicita y lo presupuesta. En un plazo fijo, pero limitado, recibe aportaciones de los mecenas, usuarios que les gusta el proyecto y se involucran en él.

Las aportaciones sólo se hacen efectivas si al acabar el plazo completa la financiación. Los mecenas, a cambio, reciben recompensas: obsequios, descuentos, experiencias... Cuanto más atrayentes y exclusivas sean estas, más mecenas atraerá el proyecto.

Álvaro Neil es el biciclown. Desde 2001, recorre el mundo en su bicicleta bajo el lema Miles of Smiles Around the World (millas de sonrisas alrededor del mundo). Ofrece espectáculos de clown, magia, malabares y acrobacia a favor de los más desfavorecidos y es usuario de Verkami.

"Somos consumidores culturales y creemos que podemos sacar adelante ciertos proyectos que, de otra manera, nunca verían la luz". Joan Sala, biólogo de 52 años, ha impulsado junto a sus hijos Jonás y Adriá, Verkami.

Solo aceptan proyectos creativos o solidarios y establecen un plazo de 40 días para conseguir la financiación. El pago se realiza con tarjeta de crédito a través de Catalunya Caixa, que cobra entre un 1,30 y un 1,45% por cada operación. Se quedan una comisión del 5%, si proyecto sale adelante.

En estos momentos, Neil continúa su gira por Japón, mientras espera producir su documental. "Cuando cierra un periodo de tiempo, suele escribir un libro contando sus experiencias", explica David Tugués, amigo y responsable de la web del biciclown, en conversación telefónica. "Sin embargo, tenía ganas de ganas de grabar un documental de su paso por Mongolia.

Compró cámaras y comenzó a grabar". Para producirlo, busca financiación en Verkami. A falta de 16 días para la finalización del plazo, ha conseguido 1.850 euros, poco más del 50% de lo presupuestado. Desde su propia página web, Neil ha impulsado el clownfunding "para lograr conseguir el dinero. El documental se hará sí o sí", afirma Tugués.

Otra página web es Lanzanos de la que Rafael Cabanillas es uno de sus socios. "Pretendemos diferenciar el mundo creativo y cultural del empresarial", asegura en conversación telefónica. "No ponemos trabas por el lugar de residencia como enla web estadounidense Kickstarter, que si no resides en EE UU no la puedes utilizar".

En Lanzanos, el pago se realiza a través de paypal, una página web que envia dinero a cualquier persona del mundo que disponga de dirección de correo electrónico. El plazo para conseguir la financiación lo establece el propio creador.

Condenados ya ha superado el 120% de la financiación, 828 euros, a menos de mes para que finalice el plazo. Santiago Eximeno, el autor, ha escrito una novela de terror sobre cuatro supervivientes atrapados el Día del Juicio Final. Aunque ya ha publicado varios libros, recurrió a Internet "para probar formas de publicación alternativas".

Con el dinero de más podrá pagar "como es debido" a los colaboradores e ilustradores que han participado en la edición. Y tiene claro que volverá a utilizar este sistema "para sacar adelante otro tipo de edición de revistas". (El País, 21/01/2011)

17/11/10

Google se apunta al pago móvil

"Ni tarjetas ni Paypal, los pagos con el móvil serán por contacto. A eso apuesta Google con su nuevo teléfono inteligente (smartphone), que ayer desveló Eric Schmidt, director general de Google. (...)

El NFC -un chip para comunicaciones de corto alcance que puede ser reconocido por otros dispositivos a una distancia de solo diez centímetros- será uno de los atractivos del nuevo móvil de Google (...)

"La gran ventaja respecto al bluetooth es que NFC cumple todos los protocolos de seguridad para que la transacción, tanto de datos sensibles como financieros, sea segura", afirma Benjamí Puigdevall, director general de e-LaCaixa. (...)

Los participantes pueden pagar con el móvil (se carga en la tarjeta de crédito) el periódico, el café o un ramo de flores. De momento, el 66% está más que satisfecho y el 90% lo usaría en el futuro si se implanta de verdad. Las tiendas también lo aprueban porque la facturación ha crecido alrededor del 30%. Sorprende también de esta prueba piloto que la brecha generacional no sea problema. Menos del 20% de las compras las han hecho menores de 25 años.

Puigdevall calcula que el sistema se implantará de forma masiva para los micropagos en comercios en tres o máximo cinco años. "La realidad es que todavía hay pocos móviles, la mayoría de gama alta, con chips NFC y, menos aún, lectores" para las tiendas.

NFC no es la única tecnología para el pago por móvil. En Japón y Corea del Sur triunfan los sistemas sin contacto para comprar en máquinas de comida o acceder al transporte público; mientras que los pagos por SMS triunfan en las zonas rurales de África y Asia.

PayPal, sistema de micropagos para la web, también funciona en el móvil para enviar dinero a otra persona y pagar directamente productos adquiridos en Internet. Una solución más complicada es la de Square, en Estados Unidos, que conecta un lector de tarjetas al móvil para que procese transacciones en tiendas." (El País, 17/11/2010)