Es Narayana Murthy (1946), el fundador y presidente de Infosys, uno de los siete empresarios más admirados (y premiados) de todo el mundo. Un tipo capaz de contratar 25.000 ingenieros en un solo ejercicio, pero que sigue viviendo frugalmente en su domicilio de siempre. (...)
Murthy fundó Infosys en 1981 con seis amigos y los ahorrillos de su esposa. Iba en ciclomotor. Estallaba la revolución de los ordenadores personales, de alto poder y bajo coste, y empezaban a ser fiables para las finanzas, telecos, control de producción o servicios al cliente, relata. "Algunos nos dimos cuenta de esa revolución y sabíamos que teníamos talento, decenas de miles de ingenieros en paro, que podrían proporcionar soluciones a las necesidades de los países del G-7", rememora.La empresa de tecnologías de la información creció a borbotones sobre todo desde la liberalización económica india en los noventa, y tras el estallido de la burbuja de las puntocom, cuando muchas compañías norteamericanas deslocalizaron a mansalva sus desarrollos de software y backoffice (administración/gestión interna). (...)
Murthy explica esos resultados por la explotación del recurso "talento": "Hemos creado una cadena de valor añadido de talento, entrenando a nuestra gente a ser innovadores, a plantearse problemas y sus soluciones". Y por una visión globalista del negocio que permite convertir lo negativo en positivo. Como la invención de una nueva jornada laboral: "Combinando los horarios de trabajo en India y América, el día de 24 horas permitía resolver los problemas de los clientes cuando éstos dormían", (...)
Mientras, su sector ha aportado a la economía india el 40% de los empleos creados en el último decenio; ha multiplicado por seis la educación en ingenierías; genera al año unos ingresos de 47.000 millones de dólares, y el 33% del comercio exterior. Y se las promete felices, porque para 2020, el mercado mundial de externalización por software, hoy de 400.000 millones de dólares, se triplicará.
Pero la India-potencia económica sigue teniendo pies sociales de barro, reconoce. "Una buena parte de mis conciudadanos no se beneficia de esos extraordinarios resultados", la mitad no tienen acceso a los servicios sanitarios, el 80% no dispone de cuenta corriente en el banco; cerca del 45% de la distribución alimentaria falla.
Por eso ejerce, como Gates, de filántropo militante con la Fundación Infosys. Y es que, multimillonario de vida frailuna, este "capitalista desde la razón", admirador sin recato de Milton Friedman, se confiesa también un "socialista de corazón". Como empresario notorio, su filosofía es sencilla: "Actuar lleva a ser reconocido; el reconocimiento trae el respeto; el respeto acarrea poder. La humildad en el uso del propio poder realza la dignidad de una organización". (XAVIER VIDAL-FOLCH: El otro Bill Gates. El País, ed. Galicia, economía, 31/12/2009, p. 26 )
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